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Jorge Sharp: “Aprobar con una amplía mayoría en octubre es una tarea que aúna y aunará a miles de voluntades”

Este 26 de agosto partió oficialmente el período legal de la campaña del Plebiscito del 25 octubre que dará paso al proceso constituyente para la redacción de una nueva Constitución para Chile. Desde diversos comandos, las campañas ya se encuentran en pleno desarrollo con el objetivo de asegurar una participación amplia y activa, y una contundente victoria del Apruebo y la Convención Constitucional; campañas que, debido a la crisis sanitaria, se realizarán fundamentalmente a través de las redes sociales. 

Desde una de estas redes sociales, a través de su cuenta personal en Facebook, Jorge Sharp también se hizo parte del llamado a participar. Si bien el alcalde de Valparaíso remarcó sus críticas al acuerdo de noviembre que dio el vamos al proceso constituyente, pero que “generó diferencias”,  en particular porque la opción Asamblea Constituyente no estará en la papeleta, hizo un llamado a la ciudadanía a ser “protagonista de la Historia que se está escribiendo” .  

A continuación, reproducimos el texto íntegro de su declaración.

Aprobar con una amplía mayoría en octubre es una tarea que aúna y aunará a miles de voluntades. Hay que desarrollar una verdadera movilización electoral porque hoy votar tiene más sentido que hace décadas. Tomar todas las medidas institucionales y sanitarias para asegurar una amplia participación es un imperativo del Estado.

Estoy seguro que compartimos la idea de que el proceso constituyente empezó mucho antes. Me atrevería a decir que, en el marco del estallido social, desde que se formó la primera asamblea territorial o cabildo autoconvocado donde se habló de crear una nueva constitución a través de una Asamblea Constituyente. Fueron miles de espacios de base los que se activaron y millones los que colmaron calles, plazas y ciudades los que permitieron la existencia de este momento democrático inédito.

Se expresó un amplio arco de fuerzas territoriales, asambleas autoconvocadas, cabildos ciudadanos o barriales y un grueso tejido comunitario, acumulado por años de lucha, compuesto por organizaciones vecinales, comunitarias, deportivas, de adultos mayores que hoy se organizan en torno a diversas iniciativas de alimentación comunitaria.

Irrumpió la radicalidad del movimiento feminista y sus diversas orientaciones, las organizaciones urbanas y rurales de pueblos originarios que luchan por cambiar el carácter racista del estado y por un Chile plurinacional y las organizaciones de trabajadores de larga trayectoria de lucha, tanto en el ámbito público y privado, como también las nuevas dinámicas de organización sindical vinculadas a una nueva camada de dirigentes.

Se pusieron en escena los frentes sociales que luchan por un país con un verdadero sistema de derechos sociales en torno a la previsión y la salud, las nuevas capas de profesionales que han pujado por una resignificación del rol de los colegios profesionales a partir de nuevos liderazgos, los cientos de académicos y académicas cuya producción de conocimiento permiten alimentar nuevos imaginarios y también los persistentes militantes progresista y de izquierda que está cansados de las viejas y las nuevas cúpulas.

En definitiva, el pueblo de Chile fue el que corrió el cerco de la democracia posible.

Sin embargo, el acuerdo de noviembre generó diferencias. Sé que afirmar esto es polémico para algunos, pero lo cierto es que en ese momento estratégico no hubo protagonismo ni participación de un amplio campo político y social que cree de forma legítima, hasta el día de hoy, que la opción Asamblea Constituyente no está en el voto.

No se trata de insistir en un hecho pasado, pero no podemos clausurar este debate por las importantes consecuencias que tiene para un proyecto de transformación democrática en Chile. Debemos reducir el riego permanente que existe de restringir la política viable solo a las lógicas y prácticas parlamentarias, porque de lo que se trata es correr los límites de lo posible e incorporar “el nunca más sin nosotros y nosotras”, como punto de partida de una nueva democracia y nuevo país.

Por eso, el hecho fundante de este momento constituyente no es noviembre sino los octubres.

Las posibilidades de generar una amplia participación en el plebiscito, de lograr una contundente e incuestionable victoria por el apruebo, de hacer que la convención constitucional sea lo más parecida a una Asamblea Constituyente y, lo más importante, que el cambio constitucional y la nueva Constitución suponga realmente un cambio de modelo (¡porque no son 30 pesos sino 30 años! ¡porque no son solo demandas, es el modelo de desarrollo!) estará determinado porque los movimientos sociales, territoriales, feministas, populares, indígenas, juveniles, la ciudadanía y el mundo independiente, en definitiva, el pueblo de nuestro país, sea genuinamente protagonista de este presente. Sea protagonista de la Historia que se está escribiendo.

¡Hagamos historia, aprobemos este octubre!

(Foto portada: DEDVI MISSENE)

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