Opinión

Marcela Mansilla (por Fernanda Tagle)

El nombre escogido para esta columna es Marcela Mansilla, porque creemos que es sumamente necesario que este nombre resuene una y otra vez, hasta que se encuentre justicia para un caso que conmocionó a la comunidad de Calbuco, ubicada en el sur de nuestro país.

En febrero de 2018, se encontró a una joven muerta en el mar en las cercanías de la isla, una mujer que había conocido a un hombre a través de una red de citas. Por lo relatado por su hermana, Marcela llevaba unos meses conversando con el hombre a través de la plataforma, viajó desde Puerto Varas a Calbuco para verse el día de San Valentín pero, lamentablemente, Marcela nunca volvió. Lo único que podemos hacer ahora por ella, por su memoria y la de su familia es encontrar al culpable y hacer justicia. Nuestra única arma por ahora es visibilizar este caso, lleno de enigmas y conjeturas erróneas de parte de las autoridades y aquellos que han jurado protegernos.

Se ha cambiado ya dos veces de fiscal en estos dos años, las respuestas que se han entregado a la familia son simples conjeturas. Incluso se han utilizado argumentos con juicios morales, como la hora en que estaba en la calle, el cómo vestía, para así justificar la muerte de Marcela. Respuestas y juicios contra los cuales nos enfrentamos día a día, porque no olvidaremos ni dejaremos de buscar a el o los responsables de la muerte de esta joven.

Debido al nulo apoyo y al trabajo deficiente que se han mostrado en la investigación del caso, los avances han sido nulos, a pesar de las pruebas y evidencias que la familia ha intentado presentar ante el tribunal. Se exhumó el cuerpo, existen testigos que aseguran que Marcela no pudo haber llegado a ese lugar por sí sola. Además, existieron problemas en la entrega de información desde el comienzo del caso.

La familia de Marcela quizás ya nunca volverá a tener la misma felicidad de antes, porque ella ya no está, porque la mataron. Lo que podemos hacer por ella es presionar a las autoridades y apoyar a la familia en este proceso; luchar por hacer justicia por Marcela, como hemos luchado por tantas otras. No solo porque somos feministas, ni por ser mujeres. Se llama sororidad. Sororidad que nace del deseo de evitar que el día de mañana nuestras hermanas, nuestras primas, nuestras mamás o nuestras abuelas ya no regresen más. Que nace del miedo de que el asesino que mató una vez, vuelva a hacerlo, tal como ocurrió en el lamentable caso de Ámbar, o como en el caso de Antonia que se suicidó por haber sufrido una violación. Esta es la realidad en la que vivimos, y que nos marca a todas, todos y todes.

La indiferencia no es una opción que podamos tomar, somos personas buscando el cambio a través de hechos. Intentamos reescribir nuestra historia buscando justicia para otres. Para lograr cambiar la realidad de este país, debemos mejorar siempre, nos necesitamos los unos a los otros. Por lo mismo, al recordar a Marcela, a Ámbar y a Antonia nos recordamos y abrazamos a nosotras mismas. Es a través de actos como esta columna que enfrentamos a quienes nos violentan para decirles que jamás en sus vidas volverán a tener la comodidad de nuestro silencio y que jamás volverán a tener impunidad de ningún tipo. Porque no importa quién, ni dónde; se hará justicia por ellas y por todas las hermanas que no están.

Escribir esto en septiembre no es una coincidencia. No se escribe ahora solo porque es uno de los meses más oscuros de la memoria de nuestro país, en el que se conmemoran cientos de muertes causadas por la dictadura. Se escribe ahora también porque el 12 de septiembre Marcela está de cumpleaños.

Finalmente, queremos dejar en manifiesto que en lo que va de este año ya ha habido 32 femicidios en Chile y que lamentablemente los culpables no están presos, porque muchas veces solo pasan a prisión y pagan una multa. Es increíble pensar que la violencia hacia nosotras sea ya tan natural como para que solo sean números más, sin que nadie busque hacer justicia. Es increíble pensar que en pleno siglo XXI las mujeres seguimos siendo vulneradas y violentadas de mil y una formas, porque esta violencia no es algo actual, las mujeres nunca han podido estar tranquilas y siempre han sido víctimas de violencia sistemática. Sin embargo, no podemos ni queremos continuar permitiendo esto, se lo debemos a Marcela y a su familia y a la de tantas otras. Nos lo debemos también a todas nosotras, para que al fin podamos tener la paz y la tranquilidad de que los culpables de estos crímenes atroces se encuentren tras las rejas. Nos lo debemos para poder salir sin miedo.

#niunamás

Fernanda Tagle
Movimiento Feminista “Matria”
Puerto Varas

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