Opinión

Carta abierta para generar nuevas confianzas (por Carolina Sangüesa)

Con motivo de acercarse el primer aniversario del 18 de octubre, considerándome parte del mundo político, con domicilio, ideología y pensamiento públicamente expuestos, es imposible no reflexionar sobre lo que ha pasado este año. Cuánto hemos pensado y repasado lo acontecido, hecho los mea culpa colectivos e individuales y, por sobre todo, cómo debemos ser parte de lo que debe ser este país en el futuro y lo  que dejaremos a la futuras generaciones.

Mas allá de aprobar o rechazar en un proceso constituyente, creo que hay que buscar fórmulas y acortar las brechas;  que  esta fecha nos una y no nos divida, por eso, como muchos chilenos espero que este 18 de octubre sea un día en que nadie quede indiferente. Mas allá de nuestras posiciones políticas si quieres celebrar o no, pongamos nuestro amor por Chile y nuestro pueblo por encima de todo,  hagamos un llamado a la unidad y no la violencia. Porque no quiero que se haga costumbre que la violencia, independiente de quien la ejerce, se normalice en mi país.

Por eso quiero invitar -perdón por la patudez y audacia- a ser parte activa en reconstruir las confianzas, que todos hagamos propuestas a través de nuestras redes sociales o desde el espacio de donde te acomode este 18 de octubre.

Qué queremos para el futuro de nuestro Chile, cómo debemos  repensar, rediseñar las instituciones y no solo pensar en una Constitución que no podrá hacerse cargo de todas las soluciones, sino algo más profundo que requiere mucho más esfuerzo, y es cómo aportamos con nuestras conductas a mejorar el país; cada uno desde su espacio, donde 17 millones de chilenos nos proponemos mejorar, de manera que  desde la individualidad construyamos colectivamente un país más justo y en libertad, sin sesgos ideológicos, sin adueñarse políticamente de idearios colectivos, donde  estén presentes todos los sectores políticos, con humildad y respeto: Acá no hay ni fachos pobres ni comunistas come guaguas.

Desde mi espacio, me preocupa la pérdida de confianza de la ciudadanía en sus autoridades e instituciones, y a la vez me hago cargo del deterioro que hemos sufrido tanto a nivel nacional como internacional quienes nos vinculamos al mundo político y público. Pero dicho deterioro también se da en el mundo privado; la corrupción también se anida ahí, el ser más vivo que el vecino, el saltarme las reglas y la fila ha pasado a ser costumbre y parte de nuestra realidad.

Yo quiero ser parte del proceso,  generar, a través de ideas y propuestas desde el mundo que más conozco, un espacio para reencontrarnos y recobrar las confianzas. De manera simple desde tus redes este domingo 18 todos somos actores de nuestro futuro.

A grandes rasgos y después de leer profusamente en las noches durante esta pandemia (hay que buscar lo positivo), traté de encontrar algo que me identifique. Creo estar convencida en la modernización y reorganización del aparato público, es indispensable y urgente; pero no solo desde un análisis técnico de cómo rediseñamos instituciones, sino de crear puentes de confianza, que se haga entendible y accesible para todos los ciudadanos.

Chile debiese contar con una Escuela de Formación para Funcionarios, Agentes y Representantes de todos los poderes del Estado, donde sea obligatorio cursar anualmente al menos, una asignatura o curso que ponga énfasis en la probidad, los sistemas de control, auditorias, buenas prácticas, ética, de modo de reforzar conocimientos y responsabilidades y profundizar  con un conocimiento pleno todo lo que se resume como PROBIDAD de quienes ejercen un trabajo remunerado por el Estado.

A partir de este punto podremos discutir con fuerza y convicción el aumento de penas y creación de nuevas figuras penales para quienes infrinjan cualquier norma de probidad, tanto para trabajadores públicos como privados que infrinjan las normas. Debemos generar conciencia y compromiso para que todos volvamos a creer.

Me parece que es el momento de evaluar y modernizar los estatutos funcionariales de todo el espectro público, modernizar el sistema de calificaciones, por ejemplo, donde el proceso de formación debe ser indispensable para todo el aparato fiscal. Para ser calificado en lista uno, todo funcionario debiese haber cumplido un plan mínimo de formación aprobado, de manera generar una mayor imparcialidad en los procesos de evaluación.

Estos es solo un esbozo, el desarrollo es bastante más largo y complejo. Sin duda en Chile hay estudios e instituciones abocadas en esta tarea, solo por nombrar el Centro de Estudios de la Administración del Estado dependiente de la Contraloría y los diversos estudios que ha desarrollado el Servicio Civil, por ejemplo este enlace permite conocer experiencias extranjeras en esta materia.

Con esto yo no descubro la pólvora, ni cuento algo nuevo para muchos; se ha desarrollado en otros países, pero si me atrevo a dar un paso adelante y relevarlo, es porque ahora es el momento de materializar y fundar una institución independiente, que debiese funcionar bajo el alero del Servicio Civil para generar cambios reales, siendo parte de un todo mucho más amplio que debe renacer bajo los principios de honestidad, compromiso y cariño de quienes son parte del mundo público.

Hoy poner sobre la mesa ideas es un riesgo, pero hay que dejar de tener miedo a la crítica, al ridículo o a la funa.

Para volver a creer necesitamos estar todos conectados con ideas que aporten y nos permitan que mutuamente nos entendamos y nos volvamos a escuchar, con respeto por sobre nuestras diferencias.

Carolina Sangüesa Blázquez
Chilena

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