Cultura

Anticuarios, artesanos, productores y emprendedores compartirán la Plaza Sotomayor esta semana

Hasta este viernes 26 de febrero estará la Feria de Antigüedades “La Merced” en la céntrica plaza porteña.

Difíciles meses han sufrido las anticuarias y anticuarios de Valparaíso a consecuencia de la pandemia de COVID-19, no solo debido a la imposibilidad de realizar su tradicional feria los fines de semana por estar la comuna en cuarentena sino, también, por ser muchos de ellos y ellas adultos mayores, por lo que un gran número ha optado por quedarse en casa para evitar un posible contagio.

“No hemos trabajado en todo el año, por la cuarentena, no podemos trabajar los fines de semana, antes trabajábamos sólo los fines de semana”, lamenta Nieves Carvajal, socia de la Feria de Antigüedades “La Merced”. “Estuvimos en noviembre y diciembre, pero no habíamos vuelto porque a muchas personas les da miedo, somos muchos socios, pero estamos todos ya con más edad, entonces a muchos nos da miedo venir”, agrega. Esta semana regresaron a Plaza Sotomayor, donde “nos otorgan una semana para que nos instalemos de lunes a viernes. A partir de las 10:00 am deben estar los puestos armados hasta como las 17:00 pm”.

Solo unos pocos se han atrevido a instalarse esta semana, comenta Raúl Roa, otro anticuario que esta semana estará en la plaza, frente a la ex Intendencia. “Somos 15 esta vez, y esperamos que poco a poco empiecen a regresar los demás colegas”. La feria permanecerá en el lugar hasta este viernes 26 de enero.

Consultado sobre las ventas, señala que “nos ha ido regular porque muchos no saben que estamos acá, no tienen la información”. El hecho de no poder trabajar los fines de semana también les ha afectado, añade. “Viene poca gente, porque anda poca gente y más venían los fines de semana”.

Para Justo González, anticuario de la Feria La Merced desde sus inicios hace más de 40 años, ha sido especialmente difícil este período de pandemia y cuarentena. “Yo por ser tercera edad me tuve que encerrar, estuve siete meses encerrado, de marzo a noviembre, y después por aquí por allá me instalé a hacer cosas con la ayuda de mis hijos”. Después de un tiempo trabajando en una fábrica de empanadas en la plazuela Ecuador “que fue la zona cero en el estallido social, con la pandemia se complicaron más las cosas, pero no le ha faltado a la olla y ahora empezamos de nuevo con pocas cositas, pero estamos haciendo algo”.

ARTESANÍA Y PEQUEÑOS EMPRENDIMIENTOS

Cruzando la calle, en dirección al monumento de Arturo Prat y los Héroes de Iquique, se encuentran las y los productores, artesanos y emprendedores que estarán instalados en ese sector de la plaza hasta el viernes 5 de marzo. “Serán dos semanas en total”, explica Cecilia Alarcón, presidenta de la Asociación de Emprendedores, una de las cuatro agrupaciones que han organizado la feria.

Los escasos turistas han provocado una merma en las ventas, explica Cecilia. Si bien, “nos dieron el espacio para trabajar, estuvo complicadísimo porque veníamos y había muy poco público. El tema del turismo, eso afectaba harto, pero ahora, desde la semana antepasada ha habido más movimiento, a ratitos”.

Muchos de los socios y socias de las cuatro agrupaciones no han regresado aún por ser adultos mayores. A su vez, los protocolos para evitar contagios también los ha obligado a reducir el número de puestos y “no nos da el espacio para que estén todos. Nos bajaron la cantidad, entonces hay que dejar más espacios. Cada pasillo tiene tres metros, las entradas también son de tres metros y, respecto a los protocolos, estamos cumpliendo todos».

«Hay distanciamiento, y todos con su alcohol gel, mascarilla, caretas, manteniendo la distancia”, complementa Francisca Gutiérrez, de Puerto Color. «Trabajamos cuatro agrupaciones, siempre las primeras dos semanas del mes. Después descansamos una y volvemos a fin de mes».

Jorge Osandón, dirigente de la agrupación Cultura Patrimonial, complementa que “acá somos cuatro agrupaciones que trabajamos cooperativamente en conjunto desde siempre, nos potenciamos independientemente que sean cuatro agrupaciones. En conjunto actuamos, como un sólo cuerpo, tanto en las decisiones, en la solicitud de los permisos, donde sea, siempre estamos juntos”.

La fluida relación con la Alcaldía porteña fue destacada por Osandón. “En Valparaíso, en relación a mi rubro -soy librero- he tenido diferentes experiencias en el tema de los permisos, por el tema de la itinerancia, y esta administración de Jorge Sharp es la única que, más allá del tema de los permisos, fue abriendo la instancia para que nosotros podamos generar y autogenerar nuestras propias ferias. Antiguamente, todas las cosas pasaban por un tercero, o sea, había una persona, un productor, mucha gente que no era ni de la zona que organizaban ferias, vendían los puestos a unos precios bastante onerosos -no vamos a mencionar nombres, pero conocemos a varios- y eso generaba un negocio en desmedro muchas veces de la gente que necesitaba trabajar”.

El librero, integrante del grupo de anticuarios, libreros y anticuarios organizados que, en conjunto con la Alcaldía Ciudadana, lograron dar un vuelco a esta situación, destaca que “me siento muy orgulloso ser parte inicial de la ‘Feria Ciudadana’. De ahí nace esta instancia, se le dio un carácter distinto, y eso fue gracias al Municipio Ciudadano”.

ADAPTÁNDOSE A LA NUEVA REALIDAD

María Verónica Leiva, presidenta de la agrupación Yapen, plantea una apreciación acerca de la forma en que se han debido ir adaptando a la pandemia y sus consecuencias. “Nos hemos sentido perjudicados, pero creo que todo Valparaíso lo está. La gente no sale, ha cambiado el ritmo de ventas: antiguamente eran los sábados y domingos los buenos, y ahora son los lunes. Ahora tú notas un público local, entonces las inclinaciones son diferentes porque aquí todos estábamos enfocados al turismo, a la gente de afuera”, sostiene, usando su caso personal como ejemplo. “Mis bordados eran de Condorito, Valparaíso, y ahora no se ha vendido nada de eso; entonces he tenido que cambiar mi mirada porque el público es local. Creo que todos estamos en las mismas condiciones; hemos aprendido a adaptarnos al nuevo público”.

Este escenario, que para algunos podría parecer negativo, “también es positivo. La gente de acá nos apoya; en Navidad preferían comprar acá con nosotros antes de ir a un mall. Eso también favorece ahora nuestros productos: tienen que ser de buena calidad, estar bien presentados, y eso yo creo que todos lo hemos ido cumpliendo de a poco”. También han debido actuar de guías turísticos, comenta, “a orientar a la gente, también de cuidar al público porque aprendes a conocer a todos los malandrines que andan por ahí”.

María Verónica concluye haciendo un llamado a las autoridades a tomar en consideración algunos problemas que han debido enfrentar, en particular la escasez de baños públicos y lugares donde poder lavarse las manos, y la falta de estacionamientos.

“Muchos tenemos autos en los que traemos nuestra mercadería y, desgraciadamente, no hay lugar para estacionamiento, entonces tenemos que estar peleando el parte, porque si tú te vas a estacionar abajo -apunta hacia el acceso al estacionamiento subterráneo concesionado de la plaza-, ¿cuánto te sale? Mejor me quedo en la casa. Y esto afecta también a los restaurantes que se han ido reactivando”.

En un contexto de pandemia, también se hace necesario contar con baños públicos y, en particular, un lugar donde poder lavarse las manos. “En diciembre nos iban a traer agua para lavarnos las manos. Todavía no hay. He tenido la fortuna de viajar y en los lugares públicos tienen sus baños, es lo mínimo. Esas cosas hay que ayudar a mejorar”.

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