Opinión

[OPINION] Elección de Mesa Constituyente: Crónica de una muerte anunciada para el mundo político actual (Silvio Becerra)

Toda sociedad tiene un modelo de organización que no es permanente en el tiempo, el cual funcionará sin mayores problemas hasta que llegue el momento en que, poco a poco, comiencen a aparecer contradicciones en el sistema, que repercuten fuertemente en la vida de los ciudadanos, las que en un momento determinado gatillarán el descontento social, que es el más claro indicador de la necesidad de un cambio.

Esto es precisamente lo que ocurrió el 18 de octubre de 2019, fecha señera que marcó un antes y un después del estallido social, hecho que indicó la hoja de ruta para el cumplimiento de una serie de etapas -Acuerdo por la paz; plebiscito aprobatorio por una nueva Constitución y otros- que permitieron llegar a la instancia consecuencial y definitiva -15 y 16 de mayo de 2021- para convocar a un llamado a elecciones, con el fin de conformar la mesa constituyente; instancia que será la encargada de redactar y dar a conocer a la ciudadanía el nuevo texto de la Constitución, la que tendrá que someterse al juicio de la gente que, por primera vez en la historia de Chile, tendrá la oportunidad de participar con su opinión en tan magno evento nacional.

Debemos tener en consideración que la crisis de que hablamos es un fenómeno social que no es privativo y exclusivo de nuestro país, del cual encontramos innumerables ejemplos en los diferentes países vecinos y del mundo, crisis que se manifiesta de diferente manera, según sean las características de la contradicción social que se manifieste en cada caso. Lo más importante de todo, es entender que las sociedades no son un sistema cerrado -y menos ahora que estamos viviendo en un mundo eminentemente globalizado, en que un evento ocurrido en cualquier parte del mundo de forma inmediata pasa a tener repercusión en el mundo entero-, sino que, por el contrario, los cuerpos sociales son sistemas abiertos que se retroalimentan a partir de hechos e información que se desplaza desde adentro hacia afuera y desde afuera hacia adentro, provocando encuentros de fuerzas que interactúan,  que en su interacción permiten remover y sacudir todos aquellos elementos de la sociedad que permanecen estáticos y rígidos, constituyendo a este cuerpo social en un todo dinámico y siempre cambiante. No es posible imaginarse una sociedad sin cambios, siendo una prueba de ello todo lo que nos cuenta tanto la historia universal, como la particular historia de Chile, donde es posible detectar cómo, cada ciertos espacios de tiempo, se van cerrando ciclos sociales por la superación de determinados hechos que constituyen contradicción, para lo cual es preciso realizar cambios.

Cómo podemos apreciar, la necesidad de cambios producto de crisis sociales muchas veces escapan a la acción concertada de los estados y respectivos gobiernos que pretenden impedirlos; esto es lo que hay que tratar de entender, lo que no es fácil, por constituir éste un fenómeno social que es difícil de internalizar y manejar, requiriéndose para ello del apoyo de la psicología social, disciplina que dispone de las herramientas adecuadas para ello.

Frente a estos hechos, nos encontramos con una institucionalidad obsoleta y totalmente ajena al interés de las personas, que se supone debió luchar en su momento por los derechos fundamentales de estas personas, pero que al final de cuentas hizo todo lo contrario, y ello porque la Constitución vigente y respectivas leyes nunca estuvieron dispuestas para la defensa y el beneficio de los ciudadanos de menores recursos y, por lo tanto, permitieron esta forma de actuar que, en el fondo, estaba al servicio de los grandes poderes económicos del mundo privado operando en nuestro país. Esto significa que el modelo imperante generó, amparado en la Constitución, toda una trama que impone una legalidad que impide que las personas que no forman parte de estos grupos de poder, puedan obtener los mínimos beneficios que toda persona requiere para vivir. Estos son los productos del modelo económico implantado en Chile, el cual tiene su origen y fundamento en el neoliberalismo, ideología desarrollada en Chile desde el mismo momento de la vuelta a la democracia.

Como corolario de todo lo anterior, es necesario asumir que todo este proceso de cambios que se viene es de características bastante relevantes y complejas, pues todo lo relativo a la Constitución y su puesta en acción, es un objetivo de largo plazo que no dará solución inmediata a todos los requerimientos exigidos por los chilenos. Lo positivo de todo esto, es que tenemos frente a nosotros, por primera vez, un real punto de partida para un cambio efectivo, el cual depende fundamentalmente del trabajo que deberán realizar los y las constitucionales elegidos, quienes tendrán la oportunidad de hacer bien las cosas, lo que irá en directo beneficio de la política y de los políticos que la ejercen, rehabilitando este democrático hacer ante la percepción ciudadana, lo que constituye  una sentida aspiración de una gran mayoría que ha sido ignorada por mucho tiempo.

En definitiva, se avizora un futuro difícil en el corto plazo, donde será necesario sacar fuerzas de flaqueza para seguir adelante con este proceso en el cual ya estamos inmersos, sin posibilidad de volver atrás, frente a lo cual nos corresponde como ciudadanos actuar con la debida responsabilidad social, manteniendo una participación permanente que permita asegurar que este proceso se realice de la mejor manera, a partir de lo cual nuestro país estará en condiciones de retomar el camino del desarrollo, pero ahora con equidad y justicia social.

Finalmente, y como una manera de cerrar estas palabras, acudo a un conocido y muy sabio refrán popular que de alguna manera sintetiza la realidad poco empática del mundo político tradicional y del modelo económico social, aún vigente: “no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”, mediante el cual pretendo dar a entender que, por un lado, el plazo que se estaría cumpliendo se refiere al mencionado modelo económico imperante en nuestro país por más de 40 años y que tanto daño social causó a los ciudadanos de este país; y por otro lado, al hecho de que quienes tienen que pagar – y que ya comenzaron a pagar con los resultados de las votaciones en general realizadas los días 15 y 16 de mayo de 2021- son los partidos políticos y sus integrantes, los que, con sus acciones, como ya es sabido perdieron toda credibilidad frente a la ciudadanía.

Como votantes que apoyamos el cambio, sólo nos resta confiar en este grupo de constituyentes elegidos democráticamente, los que en forma inédita están a las puertas de hacer historia frente a sus connacionales y frente a las diferentes naciones que observan el desarrollo de este proceso constitucional, el que según sean sus resultados, pudiera convertirse -por qué no- en un paradigma de referencia para enfrentar realidades sociales similares a las vividas por nuestro país. Y a no olvidar, que ahora, más que nunca, la ciudadanía informada permanecerá atenta y vigilante para evitar que estas nuevas autoridades pudiesen caer en la tentación de olvidar a las personas en sus necesidades y requerimientos elementales, o de una posible acción de corrupción, que estimo debería estar totalmente fuera del espíritu de todos los constituyentes elegidos, considerando las propuestas que permitieron su elección.

Los mejores deseos para la Mesa Constituyente y para las ilusiones del mundo elector que espera se concreten en una firme y definitiva realidad.

Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía
Agente Multiplicador de Salud Formado en el Centro Gerópolis de la Universidad de Valparaíso


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