Quintaesencia

QUINTAESENCIA // Francisco Vidal Gormaz y su aporte a la hidrografía nacional (por Silvio Becerra Fuica)

Silvio Becerra Fuica, Profesor de Filosofía, Villa Alemana.

Hablar de Francisco Vidal Gormaz es hablar de la Oficina Hidrográfica de la Marina de Chile, de los Anuarios Hidrográficos y de todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la hidrografía en Chile; fundamentalmente si se considera los esfuerzos realizados por este oficial para llevar adelante levantamientos hidrográficos a lo largo del territorio nacional, con especial dedicación en las aguas australes de la Patagonia.

Para conocer de dichos levantamientos y de su entorno hidrográfico, se requiere en forma previa remitirse necesariamente a los orígenes de esta especialidad, única manera de entenderla con propiedad. Para esto no se puede dejar de mencionar a la relevante figura del oficial de la Armada, Capitán de Fragata (C.G.F), don Francisco Vidal Gormaz, como también a la creación de la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, de la cual éste fuera su primer director. Se agrega a lo anterior, la elaboración y desarrollo del Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, cuyo primer volumen vio la luz el año 1875, elementos que, hablando en términos metafóricos, constituyeron la primera piedra que sustentaría, hasta nuestros días, las bases de la hidrografía nacional y su interacción con la comunidad hidrográfica internacional.

Francisco Vidal Gormaz

Nacido el año 1837 en Santiago de Chile, con quien la hidrografía alcanza su más alto nivel, en cuanto disciplina técnico-científica, y el más amplio reconocimiento nacional e internacional, por sus grandes aportes, no sólo en el ámbito de la hidrografía, sino también en innumerables otras disciplinas que recibieron su apoyo, contando para ello con la anuencia de la Armada Nacional y el gobierno de la época.

Todos estos logros fueron posibles, sin duda, por las características especiales de este insigne oficial de la Marina que, según lo que se puede rescatar de su historiografía personal, fue un visionario y un adelantado a su tiempo, como asimismo un amante de todo lo que hacía. Según lo recabado por una gran cantidad de investigadores que han revisado su perfil profesional, se ha podido constatar que, además de los temas propios de su cargo de Director de la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, era también versado en varias otras disciplinas de orden científico, como la hidrografía, la geografía, la cartografía, la meteorología, la astronomía, la navegación, la taxonomía y otras más, dejando un espacio para la historia náutica en la cual dejaba entrever su gran capacidad para el arte del buen escribir, que en ese entonces era privilegio de pocos.

Por su gran competencia y relación con temáticas de orden científico, se considera al comandante Gormaz, como uno de los personajes que más impulso dio a la investigación y el desarrollo científico nacional. Su persona y sus conocimientos trascendieron las fronteras del país que lo vio nacer, logrando reconocimiento en el extranjero, cuando en el año 1884, el gobierno francés lo condecora por sus estudios de índole científico, que se relacionan con sus observaciones astronómicas del planeta Venus y su paso por el disco solar.[1]

Para un mayor abundamiento en relación a la figura de don Francisco Vidal Gormaz, ver artículo “Francisco Vidal Gormaz, hidrógrafo olvidado del Chile Decimonónico,” publicado en la Revista de Marina de la Armada, por el Doctor en Pensamiento Americano, con mención en Historia de las ciencias, don Zenobio Saldivia Maldonado[2].

La carrera naval de este destacado oficial comenzó el año 1851, fecha en que se integró a la Armada Nacional, destacando por sus capacidades profesionales y personales que ya en el año 1854 se hicieron notar al participar en variados trabajos y campañas hidrográficas realizadas en terreno, destacando sus descripciones del río Maullín, sectores costeros de Chiloé y la Araucanía. En el año 1867 en consideración a los trabajos exploratorios y estudios realizados en el río Valdivia, fueron razón suficiente para que recibiera el grado de Capitán de Corbeta.

Mucho antes de que la hidrografía se oficializara como actividad permanente de la república, ya Vidal Gormaz daba muestras de su interés por esta actividad, despertando poco a poco el interés de la Marina y del gobierno que llevó a que en el año 1874 fuese nombrado oficialmente director de la Oficina Hidrográfica, con el grado de Capitán de Fragata, cargo que mantuvo por 17 años y que lo convierte, según antecedentes históricos, en el director que se mantuvo por más tiempo en este cargo, considerándosele por sus méritos y logros en el quehacer hidrográfico – ya ascendido al grado de Capitán de Navío- como el padre de la hidrografía nacional.

Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional

La Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional se fundó el 1° de mayo de 1874, mediante el Decreto Supremo N°329 del mismo año firmado por el presidente de la República, don Federico Errázuriz Zañartu, y su ministro de Marina, don Aníbal Pinto Garmendia, designándose como su director al anteriormente nombrado Capitán de Fragata don Francisco Vidal Gormaz.

Desde su creación en 1874 hasta la actualidad, la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional ha cambiado de nombre en seis oportunidades, permaneciendo esta primera denominación hasta el año  1917. Posteriormente, mediante Decreto Supremo N°1295 del 23 de julio de 1917, pasó a llamarse Oficina de Hidrografía y Navegación hasta el año 1927. Seguidamente, mediante Decreto Supremo N°2377 del 10 de diciembre de 1927, asumió el nombre de Departamento de Navegación e Hidrografía de la Armada hasta el año 1964. Luego, mediante Decreto Supremo N°235 del 3 de marzo de 1964, tomó el nombre de Instituto Hidrográfico de la Armada, hasta el año 1968. A continuación, mediante ley 16.771 del 16 de marzo de 1968, tomó el nombre de Instituto Hidrográfico de la Armada de Chile, hasta el año 1990 y, finalmente, mediante ley 19.002 del 24 de octubre de 1990, recibió el nombre de Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile, denominación que se mantiene hasta el día de hoy.

En base al legado dejado por Vidal Gormaz, la Oficina Hidrográfica alcanzó un notable desarrollo, en los inicios del Siglo XX, espacio de tiempo en que se hizo sentir el efecto de los grandes descubrimientos científicos y tecnológicos a nivel mundial que revolucionarían todo tipo de actividades, considerando entre estas a la hidrografía, que en su afán de no quedarse atrás en este tipo de adelantos y conocimientos, se preparó para plegarse sin tapujos al desafío que representaba el devenir científico-tecnológico, que ya se aprecia como una fuerza indomable que debe tenerse en cuenta, pues de ello dependerá que la humanidad pueda desarrollarse y así, con mejores herramientas en sus manos, dar satisfacción a todas las necesidades que el crecimiento demográfico estaba imponiendo.

Algunas de las principales actividades de la Oficina en un plazo más o menos inmediato, desde su creación, fueron la elaboración del primer Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile y de los que le seguirían en el tiempo, el Derrotero jeneral de las costas de Chile, una Estadística de los siniestros marítimos, ocurridos en los territorios oceánicos y costeros del país, un Estracto del diario meteorolójico, obligatorio para buques mercantes y de guerra nacionales que surcan nuestras aguas, según la Conferencia de Bruselas de 1853, un pequeño periódico denominado Noticias Hidrográficas. Junto con todo esto, se preocupó por mantener un contacto permanente con todas las autoridades marítimas del litoral, como también con algunos capitanes de reconocida competencia, a los cuales se les hizo llegar un Cuestionario con el fin de que, ante la falta de información, la experiencia de estos permitiese a la Oficina Hidrográfica hacerse una idea acerca de las características de la costa y de sus aguas adyacentes, situación que con el paso del tiempo le permitiría disponer de información para dar algunas respuestas en relación con las características y formas de enfrentar los fondeos en los principales puertos del país por parte de embarcaciones, barcos mercantes y buques de guerra de la Armada Nacional.

Todas las actividades proyectadas por la Oficina Hidrográfica, a partir del año 1874, marcadas anteriormente en cursiva, se han mantenido por más de un siglo, convirtiéndose con el desarrollo científico y tecnológico en elementos fundamentales para la realización de las operaciones hidrográficas actuales y dar mayor seguridad para la navegación.

La creación de la Oficina Hidrográfica fue el necesario punto de partida para la organización y planificación de las actividades hidrográficas tan relevantes para el desarrollo de nuestro país, que no solo tienen que ver con estas exclusivas materias, sino también con otras actividades anexas igualmente necesarias, como así lo comentara don Francisco Vidal Gormaz: “Esta Dirección procura también que los estudios no sean esencialmente hidrográficos; pues los adelantos alcanzados por el país i la ilustración de nuestra época, exigen que aquellos sean adornados con estudios geográficos, físicos i de historia natural, como medio de que las narraciones adquieran mayor interés general i no se pierdan las bellas oportunidades que se les presentan a los esploradores para contribuir al estudio de tan importantes ciencias.”[3]

Teniendo en consideración los antecedentes anteriormente mencionados, no queda más que el asombro y por tanto el justo reconocimiento, al temple y a la capacidad de resiliencia que tenían estos esforzados marinos de la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, perteneciente a la Armada Nacional, que reflejan en sus logros el inmanente sentido del deber cumplido, a pesar de las adversas situaciones, de todo tipo, que tuvieran que sortear para lograr su objetivo.

Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile

El Anuario Hidrográfico es una publicación preparada por la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, cuyo primer volumen vio la luz en enero de 1875 como parte de la responsabilidad que le es conferida por el decreto orgánico de esta Oficina Hidrográfica.

Esta publicación, junto con ser una compilación de datos múltiples relacionados con la hidrografía y ciencias anexas, como asimismo de la navegación, no deja de ser un importante exponente de la memoria nacional que en su redacción nos entrega, en forma subyacente, valiosos elementos culturales que a los ojos del Chile actual son dignos de estudio, y que es importante rescatar.

El Anuario Hidrográfico, volumen 1,  que contiene la información de todos los trabajos realizados y supervisados por la Oficina Hidrográfica, correspondiente al año 1874, fue publicado oficialmente en el mes de enero de 1875, el que inicia sus primeras líneas con una presentación o introducción del Anuario, hecha por don Francisco Vidal Gormaz, primer Director de la Oficina Hidrográfica, palabras con las cuales da a entender la gran responsabilidad que tiene sobre sus hombros y las reales posibilidades que tiene de cumplir con la tarea que le fue encomendada por el gobierno. En este contexto señala lo siguiente: “El establecimiento i organización de una oficina hidrográfica para un país nuevo i no del todo preparado, no obstante las premiosas necesidades de su desarrollo marítimo i de su comercio, no era materia mui sencilla en su principio; pues debía luchar con inconvenientes de todo género, con la carencia casi absoluta de materiales i hasta con algunas preocupaciones inspiradas por la novedad i el lugar de su residencia. Sin embargo decretada su organización y apoyada jenerosamente por el Señor Ministro de la marina, ha podido marchar, aunque con lentitud, i hacerse en breve tiempo de los materiales mas urgentes para el desempeño de sus múltiples deberes.”[4]

Leer los Anuarios en el siglo XXI provoca sin duda en los lectores hermosas remembranzas de un potente pasado que, al igual que un faro, alumbra con sus fuertes destellos la conciencia perceptiva del hombre actual que se interesa en el tema.

Algunos de los elementos que fluyen a nuestra mente y entendimiento son, por ejemplo, el lenguaje utilizado en los Anuarios, para nosotros un español antiguo, que con el paso del tiempo nos muestra fehacientemente, como la palabra y las formas de escribir también evolucionan al ritmo en que se desarrollan las sociedades, es el caso de la conjunción “i” que es cambiada por una “y” o el de la letra “j” que es cambiada por la letra “g”, o también cambios que se producen en el uso de los acentos.

En suma, los Anuarios Hidrográficos son una hermética caja de sorpresas que hay que destapar de alguna forma, con el fin de acceder en primer lugar a un texto que, no por ser de corte técnico en su lenguaje, deja de ser atractivo para el lector de los nuevos tiempos, que en todo momento tendrá la oportunidad, por ejemplo, de maravillarse ante las impensadas habilidades personales de estos marinos para asumir los nuevos conocimientos técnicos y de adelanto científico que deben ser utilizados por las dotaciones de oficiales hidrógrafos nacionales, que nada tenían que envidiar a los de otras latitudes. Todo el escenario y el estilo de la época, representado en los Anuarios Hidrográficos, genera un ambiente especial que permite al lector sentirse un protagonista o parte de todas las experiencias surgidas en el ámbito de los reconocimientos y levantamientos hidrográficos de los cuales estos dan cuenta.

Notas de conclusión

No obstante lo sacrificado y riesgoso de la actividad hidrográfica llevada a cabo por estas entusiastas dotaciones, siempre queda un buen resultado a favor que justifica plenamente lo realizado, logros que muchas veces, en el momento mismo de los hechos, pueden no ser tan valorados, pero que a poco de andar en el tiempo adquieren una gran relevancia al ser leídos en el respectivo Anuario Hidrográfico por las generaciones de hidrógrafos de la época como de las que vendrán.

Algunos de los aspectos que destacan en el hacer hidrográfico nacional de los inicios del Siglo XX, que se han mantenido como ejemplo en el tiempo y que es adecuado destacar son: el espíritu de sacrificio personal y de grupo para alcanzar objetivos claves para el desarrollo del país, lo que sin duda, considerando las limitantes del exiguo financiamiento destinado por el gobierno para estos efectos, da a  entender la existencia de un marcado sentido místico que era capaz de trascender a las dificultades colaterales propias de esta actividad.

La Oficina Hidrográfica desde su origen y hasta los albores del 1900, concentró en su hacer, gran parte del trabajo e investigación científica del país, que estaba en ciernes en estas materias, lo que indica, que muchas de las ciencias que hoy brillan en gloria y majestad, deben mucho de su actual posición, a los primigenios esfuerzos realizados por la Oficina.

Finalmente, es menester reconocer la invaluable aportación de la Oficina Hidrográfica y de su creador, el comandante Francisco Vidal Gormaz, al desarrollo de las ciencias en general y de las ciencias relacionadas con la hidrografía y la navegación en particular, a las cuales, nuestro país tanto debe.


[1] Diario El Magallanes de fecha 17 de mayo de 2020, en páginas 4 y 5, publica el artículo “Francisco Vidal Gormaz, el marino intelectual, padre de la Hidrografía Nacional,” escrito por Víctor Hernández, miembro de la Sociedad de Escritores de Magallanes, que en página 4 comenta: “A indicación suya se escogió en   1882 la cumbre del Cerro Negro, en las inmediaciones de San Bernardo, para observar el paso del planeta Venus por el disco solar, fenómeno que se produce sólo dos veces cada cien años. Debido a la exactitud y al éxito de la operación, el gobierno de Francia lo honró con una condecoración especial.”

[2] Zenobio Saldivia Maldonado: Profesor de Filosofía, Universidad de Chile, Magister en Filosofía de las Ciencias, Universidad de Santiago y Doctor en Pensamiento Americano, con mención en Historia de las ciencias, Universidad de Santiago. Profesor Honorario de la Universidad Continental, Huancayo, Perú. Doctor Honoris Causa Universidad Ada Byron, Chincha, Ica, Perú. Profesor titular de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Santiago de Chile.

[3] Anuario Hidrográfico, T. I. (1875). Introducción, p. IX.

[4] Anuario Hidrográfico, T. I. 1875. Introducción, p. v.

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