Quintaesencia

QUINTAESENCIA // Atrápame si puedes (por Carlos Schneider Yáñez)

Frank Abagnale Jr. fue un cinematográfico mentiroso compulsivo norteamericano que, antes de cumplir los 19 años, engañó y estafó tomando diferentes personalidades. En el excelente film “Atrápame si puedes” de Spielberg (2002), se pueden apreciar sus “habilidades”. Anna Anderson, una joven polaca perturbada, se hizo mundialmente famosa en 1920, cuando declaró ser Anastasia, la hija pequeña de Nicolás II, asesinada por los bolcheviques. Muchos años después se encontraron e identificaron los cuerpos de la familia real, entre ellos a Anastasia.

La mentira y el engaño, que en Chile pareciera ser deporte nacional, nos ha llenado de “quesos mágicos”, estafas piramidales, fondos de pensiones que nos prometían igualar el último sueldo, ofertas milagrosas, colusiones, etc. Con sus mentiras, los mitómanos construyen un personaje que no son, con el cual logran obtener la admiración de los demás; a algunos no les interesa sólo la admiración, sino conseguir prebendas y beneficios con su engaño. Eso ya es derechamente una estafa.

Las mentirillas piadosas son parte de la vida diaria de todos nosotros; “qué linda la guagua”, “te queda regio el vestido”, “todo saldrá bien”, normas de convivencia social que ayudan a ser parte de un grupo humano. Existen también mentiras patológicas como el síndrome de Münchausen: personas sanas que fingen enfermedades, con el propósito más o menos consciente de despertar compasión y atención.

En algunas ocasiones al mentiroso le sucede lo que a Don Quijote de la Mancha: crea un mundo alternativo, donde él es el héroe, todos le rinden pleitesía y de ese mundo imaginario y feliz no se quiere regresar a la realidad. Es el caso del constituyente enfermo que basó su candidatura, su heroísmo, en la “primera línea” y seguramente sus relaciones sociales desde antes del estallido social, basado en una falsa enfermedad que socialmente produce empatía.

El problema de los expertos del engaño es que no siempre sus vidas y mentiras se convierten en guiones cinematográficos y anécdotas inocentes que se cuentan en los salones de té. A veces -o casi siempre- las mentiras, los embustes, la ocultación de la verdad, dañan no sólo a sus autores sino a sus entornos, embarrando y salpicando a la gente honesta, a los que no tienen vidas heroicas, a los que la verdad les golpea en la cara todos los días.

La transparencia, la luz del sol, el dar cuenta es el mejor antídoto de la mentira. No basta con apuntar con el dedo al mentiroso.
Cuando la falsedad se instala en las instancias del poder, la credibilidad se va al suelo.

¿Qué otros mentirosos o manipuladores de la verdad se han instalado en nuestra sociedad? Es de esperar que no lo sepamos viendo una película como “Atrápame si puedes”.

Carlos Schneider Yáñez
Odontólogo y Magíster en Gestión en Salud
Universidad de Chile
MBA Tulane University (USA)

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