[OPINION] Patrimonio Bío-cultural de Valparaíso: Allan Browne E. (Silvio Becerra Fuica)

Con fecha cuatro de noviembre de 2022, se llevó a efecto en forma magistral, por parte del sello de la Editorial UV, el lanzamiento de la cuarta edición y reimpresión del afiche Valparaíso, en su primera edición que data del año 1971 y la primera edición (2022) del libro Proalparaíso: un afiche y su historia, que relata el cómo se gestó este afiche, cuyo autor es Allan Browne Escobar, arquitecto, diseñador gráfico y editorial, quien además fue nombrado profesor emérito de la Universidad de Valparaíso y doctor Honoris Causa por la misma casa de estudio.

Hablar de Allan Browne y de su gran obra en lo profesional y en lo artístico- cultural es una tarea que no resulta difícil estructurar, pues es vastamente conocida y se puede acceder a ella mediante la herramienta de Internet, pero otra cosa es hablar de una obra puntual de Allan. Me refiero a su afiche Valparaíso, cuyo diseño le fuera encargado por don Sergio Vuskovic, alcalde de Valparaíso en el año 1971, con el compromiso -en palabras de Allan- “que reflejara la esencia del puerto y su proyección futura”.

Este es el objetivo convocante y, por tanto, los siguientes párrafos constituyen una reflexión desde mi óptica –pues pueden existir muchas- acerca de lo acontecido con este icónico afiche en todo lo que tiene que ver con la proyección futura de Valparaíso a partir del año 1971.

Como una manera de instalarnos de mejor manera en un horizonte que nos posibilite un mayor rango de elementos para lograr este propósito, resulta facilitador entender que Valparaíso es una ciudad con tradición y con más de cinco siglos de controvertida existencia, que originalmente era llamada Valle del Paraíso debido a sus encantos naturales, que causaba la admiración de los visitantes extranjeros.

Por este motivo, en breve reseña histórica, comento que sus orígenes se remontan al año 1536, durante la primera expedición de don Juan de Saavedra por las costas del Océano Pacífico, lo que dio pie a que, en el año 1544, Pedro de Valdivia declarara a Valparaíso como puerto de Santiago, hecho que en el futuro sería de la mayor trascendencia para el futuro económico de ambas ciudades.

El visionado de este afiche, junto a la historia de su origen, traen a mi memoria la representación de la típica y loca geografía de Valparaíso, que sí o sí termina dándose la mano con el sempiterno Océano Pacífico que baña sus profundas y heridas quebradas; realidad que no es posible de ignorar, pues forma parte del modo de vida que tienen sus habitantes, donde territorio y personas, en una relación dinámica y sinérgica, son partes de una sola realidad, la que en esos tiempos (1971) se manifestaba como de gran necesidad social.

La publicación de este afiche (1971), mirado en la actualidad, con los ojos de una conciencia histórico-crítica, da muestras de una alicaída e inocente sociedad que no estaba preparada para soportar los infaustos hechos acaecidos dos años más tarde.

A las personas mayores que fueron y aún son parte viva del período histórico de este afiche (1971-2022), les permite, y con mucha propiedad porque lo vivieron, hacer una profunda reflexión que se mueve entre un pasado, un presente y un futuro marcado por los nuevos acontecimientos.

Las reminiscencias provocadas por la visualización de esta imagen de Valparaíso provocan y nos llevan a sentirnos remecidos, como hojas al viento, tocadas por un estado de surgentes e imparables anamnesis; de situaciones vividas desde la segunda mitad del siglo XX y primera mitad del siglo XXI, lo que convierte a todas estas personas en especiales y únicas, que podríamos denominar “generaciones de dos mundos”, queriendo decir con ello que, de acuerdo con lo que nos provoca este afiche, estas personas son parte del devenir y formas de relación humanas existentes al año 1971, con sus cosas buenas y otras no tan buenas; como también de todas aquellas que se fueron perfilando con el tiempo, hasta la actualidad –Gobierno militar, vuelta a la democracia, estallido social en democracia, pandemia del coronavirus-.

En este contexto, y a la altura de lo ya comentado, es posible notar un avance en lo cognitivo-personal llegado el momento de enfrentarnos a una obra de arte, como lo es este afiche, donde nuestra memoria es capaz de discernir que no es lo mismo dar una opinión acerca del mencionado afiche en el momento de su primera edición, pues nos encontrábamos formando parte de una sociedad diferente que, como es lógico, nos acunaba y nos obligaba a pensar de una determinada manera, no existiendo para una gran mayoría las herramientas reflexivas y de conocimientos que no era posible tener en el año 1971. Otra cosa es opinar o reflexionar en el año 2022 acerca de lo que Allan Browne quiere darnos a entender con su famoso afiche, pues nuestra forma de ver y entender las cosas son producto de una evolución en todos los ámbitos de nuestras vidas, donde nosotros somos otras personas, que formamos parte de una sociedad diferente a la de 1971.

Ver este histórico collage de Valparaíso con ojos del presente nos lleva a una situación de enfrentarnos al más grande de los asombros, pues esta imagen con su esculpida representación se ha convertido en algo más que una obra del pasado y que en el pasado se queda; sino que, por lo elementos que la conforman y por el modo en que están dispuestos, se ha convertido en una obra fundamental que es capaz de actualizarse por sí sola ante nuestras mentes, acomodándose a los cambios socio-estructurales vividos por Valparaíso en el tiempo, con lo cual no resulta difícil aceptar y entender a esta ciudad, como un Valparaíso eterno o, como dice la canción, como una joya del Pacífico, sentimiento que se transmite por generaciones entre sus nacidos y, por qué no decirlo, se ha convertido en el canto de sirenas que por siglos ha encantado a marinos y navegantes de ultranza que, por cosas del destino, aquí llegaron y aquí se quedaron.

Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía
Villa Alemana

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