[OPINION] Raúl Celis, El Mercurio y el terror (por Jorge Bustos)

Como es habitual, los domingos hojeo El Mercurio, principalmente su “Revista del Domingo” y su editorial con el fin de conocer las opiniones que ahí se escriben sobre temas que puedan tener cierta relevancia. Esta vez, al leer la editorial llamó mi atención un tema sobre el cual nunca he escrito, no por su contenido sino más bien por el miedo que denotan sus palabras. También mereció un tiempo de mi relajo dominical la entrevista a Raúl Celis presidente de la Empresa Portuaria de Valparaíso.

Sus miedos se generan a partir de los recados que estamos enviando, lo que en términos simples es lo siguiente: “La verdad se impondrá, así como el sentido común, estamos defendiendo la decencia, insistimos en que se respeten las fronteras jurídicas de la República, estamos defendiendo el dinero de todos los chilenos, estamos peleando contra esta nueva forma de delincuencia”, ya que se han acostumbrado a violar las leyes, entre pasillos oscuros de funcionarios públicos “gana pan” que prefieren seguir trabajando y mirar para el lado cuando saben que se interpreta la ley para que los poderosos ganen más, contaminen y asesinen no con balas ni torturas, sino de forma más sutil.

Los dos escritos de este domingo ponen de relieve la ausencia de nuestro alcalde Jorge Sharp al evento internacional realizado en el Valparaíso Terminal de Pasajeros (VTP), galpón ilegal, dicho y ratificado por la Corte Suprema de la República y también por el Municipio que se “allanó” a la demanda por ilegalidad que interpuse ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso por la “recepción” de obras del VTP; además de las dos resoluciones de la Contraloría Regional de la República de Valparaíso, que avalan lo que escribo.

El mensaje del Alcalde fue claro: “No avalamos las ilegalidades”. Por eso no asistió. Si ellos no lo entienden, es un problema cognitivo.

Los dos escritos coinciden otra vez en santificar el acto administrativo que habría aceptado ambientalmente el proyecto Terminal N°2 (TCVAL), que se aceptó sin poner reparo en la contaminación de 104 toneladas de material particulado, dato que en la primera consulta ciudadana solo consignaba 5 toneladas anuales. Para hacernos una idea, los vecinos de la ciudad tendrían algo así como la termoeléctrica de Los Rulos en medio de la ciudad, cuyas eventuales compensaciones y mitigaciones producto de la contaminación deberán ser asumidas por nosotros y no por los TCVAL, causante de la polución y los efectos que ya conocen en Quintero; ello porque ningún órgano público realizó las observaciones correspondientes, con la excepción de la Municipalidad de Valparaíso. Los que quieren santificar esta ilegalidad están en conocimiento que el municipio realizó observaciones y que el Consejo de Monumentos Nacionales solo aceptará el proyecto si existe una “Carta de Aceptación del Municipio”.

El editor del diario más antiguo de Chile y que, como ilustra la ya conocida y popular frase “El Mercurio miente”, sigue siendo coherente con esta consigna, ahora va un poco más lejos y nos trata de “BANDAS”, en tanto Raúl Celis, un poco más compuesto, nos profiere el término “CHIC” que no solo ofende nuestra inteligencia y la de los vecinos, sino que va contra la posibilidad de la participación de los ciudadanos para promover el cambio y lograr la transparencia de los procesos que involucren el bien común y los recursos fiscales. Porque es evidente que no estamos por dejar las cosas iguales. Lo que estamos haciendo es cambiar el rumbo de las cosas, promoviendo el respeto por la legalidad. El mensaje también alude a que somos pocos y, en efecto, sí, somos pocos pero tenemos la “RAZÓN” y la legalidad, que hace que nuestros argumentos sean más poderosos y además ganamos el municipio en las ultimas elecciones. No nos amparamos en frases moralizadoras que esconden oscuros propósitos, ni tampoco recurrimos a “enganchar” manifestantes ofreciendo un jugo y un Chocman para vanagloriarse luego del éxito masivo de la convocatoria. Tenemos conciencia y claridad, sabemos reconocer a los “ pelafustanes” que se valen de gente que desconoce sus derechos para obtener su voto para después utilizar las leyes a su conveniencia, eternizando la pobreza de aquellos que fueron engañados a bajo costo.

El hermano del diputado se enoja y brama porque se le envió una carta a los australianos, los herederos de OHL, adjudicatarios de la concesión del TCVAL. Llama la atención que Celis se enoje por decir la verdad y darle a conocer a los inversionistas que la inversión de 530 millones de dólares, lo más probable es que nunca se lleve a efecto, por las razones que el editor de El Mercurio calla o no deja que vean la luz, y que ademas el presidente del directorio de EPV conoce de sobra.

Al final, lo que estos dos personajes de la ciudad reconocen en sus escritos es que existe una oposición orgánica e institucional al proyecto Terminal N°2: por una parte, de las organizaciones sociales y actores sociales (BANDAS), según El Mercurio, empoderadas que hacen uso de los derechos constitucionales y las leyes que lo permiten, y por otra parte, la institución Municipio, nuestra herramienta, para terminar con la corrupción, con la delincuencia y cambiar las cosas, hasta que la dignidad se haga costumbre.

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