[OPINION] La Concertacion, Cheyre y el fin de una mentira (por Pablo Varas)

Los hombres pueden vender su futuro, entregarse al mejor postor, recibir las dádivas por granjerías. Cheyre intentó esconder su pasado criminal y algunos le creyeron.

Posiblemente, haber sostenido que “Nunca Más”, creyó, lo salvaba del juicio de la historia. Aquella falsa frase que no cura heridas, que no entrega información, que son disculpas de medias tintas. El Ejército sigue siendo el mismo. Ahora, sin duda, más lleno de ladrones y delincuentes.

Aylwin, Lagos, Frei, Bachelet, Piñera, todos le creyeron a Cheyre.

Lo consideraron el notable para mandar. Nadie quiso leer su manchada criminal hoja de servicio. Durante años se vistió de militar demócrata, lo convirtieron en funcionario público hasta que la verdad ocultada intencionadamente dejó al desnudo a un encubridor de una página extremadamente oscura, triste y dolorosa ocurrida en el norte de Chile.

Cheyre siempre supo lo de la Caravana de la Muerte.

Cheyre sabía lo sucedido en el patio del regimiento, y ser joven no es excusa. Personas aún más jóvenes fueron fusilados sin saber la razón por las cuales vieron llegar las balas disparadas por un ejército asesino y criminal.

Cheyre supo de la masacre, estuvo allí.

Toda una ciudad sintió los disparos incontables que arrebataban la vida de gente sencilla y que dejaron en el abandono, miseria y sospecha a hijos, viudas y familiares. Tanto dolor provocado, él sólo escuchó y se enteró posteriormente. Así habla un cobarde, no lo que se espera de un militar al que se le entrega el poder de las armas para defender la patria y la vida de los que la habitan.

La Concertación PDC/PRSD/PS/PPD lo salvó y protegió por algunos años. Le entregaron un terno sin charreteras ni estrellas a su pedido y medida.

Pasan los años y siguen cayendo las estructuras que la criminalidad militar construyó para esconder su pasado. Ninguna autoridad militar está a la altura de Schneider o Prats. La precariedad intelectual, la falta de principios, la miserable ética con la que caminan los hace que sean justamente el segmento más caro y precario con la que cuenta una indefensa república.

Es mentira que juran dar la vida por la patria, esa es una patraña. Los generales pasan y las instituciones quedan hundidas en el fango de la criminalidad. Sólo los voceros de la clase dominante que exigió el golpe para salvar sus intereses son quienes -a través de la vocería de los ministros de Defensa- intentan salvarlos.

Los militares chilenos se entregaron a la CIA. Se convirtieron en asalariados con tiempo completo para los Estados Unidos, no dudaron en asesinar a su máximo líder en Chile y cruzar la cordillera para continuar con el mandato que desde el Pentágono llegaba para seguir la masacre.

De patriotismo, nada. Música militar desafinada. Una marcha de criminales amparados por la Concertación en la mayor traición que se recuerde en la historia reciente. Un país con las manos en alto y en la más absoluta indefensión.

Generales/coroneles/capitanes/mayores, todos militares mentirosos y rastreros.

Está la Mesa de Dialogo que les regaló Ricardo Lagos para limpiarles el rostro criminal, asesino y cobarde. No dieron la altura, se escudaron en una verdad inexistente, propagaron la mentira para esconderse y no mostrar la falta de gallardía, la pequeñez y lo miserable de sus actuaciones. Uniformados a la altura de la nada misma.

Chile sigue siendo un país donde no hubo transición y débilmente, desde la marginalidad, pocos han levantado la voz para denunciar lo ocurrido entre 1973-1990; donde hay que agregar los periodos post dictadura, donde todo se mantiene como si nada hubiera sucedido.

Tantos decenios amparando y escondiendo militares con la espesa nube de la impunidad que en conjunto, uniformados y políticos, redactaron y construyeron.

Amparar a la criminalidad uniformada ha sido el peor acto que la denominada centroizquierda vuelve a cometer. Allí está Punta Peuco como muestra de lo negociado. Los largos años que duran los procesos con intencionalidad para que la hora de condena los encuentre viejos, desmemoriados y orinando sus desteñida botas con la que sembraron el terror por años.

Allí queda una página más escrita en el muro de la infamia y la traición que escriben los que bajaron la cerviz ante los galones y las estrellas militares, que le entregaron el gobierno para que lo administren desde la ignominia.

Pasan los años y la historia se resiste a la mentira. La dura realidad, la certeza del caminar justo de tantos, para sostener la verdad, coloca a los pequeños hombrecitos en el estercolero que por años han habitado.

Es verdad que importa el tiempo para que la justicia actúe, pero a pesar de la lentitud muchas veces intencionada o pactada, se sigue escribiendo la tarea histórica que intentaron hundir en el destierro de los sueños de los que no están. Se equivocaron.

Sabemos que son un ejército vencido. Que chilenos sencillos pacientes y convencidos, rabiosamente cierto, infringen una nueva derrota a la criminalidad, pero especialmente a los traidores que se pasean ufanos en un parlamento que les dejó un Pinochet asesino como Cheyre y ladrón como el que conocemos por estos tiempos.

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