[OPINION] El Día Internacional de la Mujer (por El Asiduo)

La “cultura occidental” como es llamada, es totalmente dominante en el mundo contemporáneo, y es una cultura tremendamente machista, donde de forma cultural y política se establece que los hombres tengan un rol dominante sobre la mujer. Lo curioso parece ser que, incluso en enclaves culturales que no son considerados “occidentales”, como el mundo islámico o culturas asiáticas, como la china y el abanico de culturas en la India, las condiciones de opresión contra las mujeres no sólo son las mismas, sino que en algunos casos son peores. La pregunta inmediata es: ¿por qué ocurre esto?, ¿por qué tanta cultura humana parece estar invadida por estos roles, de convertir a la mujer en un rol sumiso al género masculino?

Antes de continuar, sin embargo, hay que clarificar ciertos términos. Palabras como “mujer” y “hombre” no denotan sexo, como habitualmente se cree, sino denotan “género”. Cuando a un niño le decimos “los hombres no lloran” no le estamos diciendo que, si es que el niño llora, eso implica que no tiene pene o testículos, sino que no se está comportando como los individuos que tienen estos órganos sexuales deberían comportarse. Es vital, antes que ninguna otra cosa, entender la diferencia entre género y sexo, porque esto nos permite analizar en gran medida qué es lo que realmente está ocurriendo. ¿Qué es el género entonces?: parece ser una construcción cultural que asigna roles, expectativas y estereotipos a los individuos de distintos sexos. Otro punto importante de notar es que el género ha mutado tremendamente a lo largo del tiempo y las culturas. Por ejemplo, muchas culturas no han encontrado nada extraño con conductas como la transexualidad o la homosexualidad, cosas que en la concepción actual de género son consideradas “antinaturales” por mucha gente. Un ejemplo famoso son los griegos, para quienes prácticas homosexuales no sólo eran normales, sino que eran consideradas parte vital de las conductas aristocráticas, donde era recurrente que un hombre joven fuese “apadrinado” por un hombre mayor, que le servía como tutor, patrón y compartiendo prácticas sexuales de forma habitual. Este ejemplo, dicho sea de paso, es famoso, pero no debe ser considerado para nada aislado.

Sin embargo, aún en culturas como la griega que mencioné, las mujeres eran tenidas como seres inferiores. El estereotipo habitual era considerar a las mujeres como tontas, incapaces de participar en la vida política y cultural de la ciudad. No tenemos muchos escritos de mujeres de la época para ver la perspectiva opuesta, pero incluso en esta época ya tenemos voces que cuestionan estas ideas (por ejemplo, Platón, que considera en la República que mujeres y hombres por igual deben participar en la famosa comunidad utópica que está inventando). Cabe preguntarse, ¿por qué ocurrirá esto?, ¿por qué tantas culturas convierten al rol de “mujer” en un rol de servidumbre?

La degradación del rol social de la mujer parece estar dada por dos factores. El primero es el rol de las comunidades humanas en organizar violencia. Las sociedades agrícolas encontraron cada vez más necesario el organizar ejércitos que, por múltiples razones, puede resultar conveniente organizar bajo líneas mono-sexuales. También es cierto que ciertas condiciones pueden convertir a machos humanos en individuos más fáciles de mantener en dicha condición: los machos humanos, en promedio, son más altos y más fuertes que las hembras. Esto, por supuesto, debe ser tomado como un marco muy general: hay múltiples culturas donde el rol de las hembras en la violencia organizada no sufrió dicha degradación (e.g. los escitas). Pero, como marco general, esto nos permite esquematizar y generalizar como tantas culturas, desde África hasta Latinoamérica, terminaron por asignar a las hembras un rol pasivo en la interacción humana violenta.

En conjunto con esto, el segundo factor a ser considerado es la mercantilización humana que comenzó a surgir en conjunto con lo anterior. Las sociedades humanas siempre han utilizado objetos físicos para representar relaciones, las cuales eventualmente terminaron derivando en lo que actualmente llamamos “dinero”. La capacidad de ejercer violencia organizada por sólo un sexo llevó a convertir el juego social en una situación donde una de las partes siempre está considerada como piezas de intercambio. He ahí la razón de por qué gente como los romanos, por ejemplo, consideraban a sus hijas e hijos como “propiedad privada”, como mencioné en otro artículo. El machismo, esa actitud agresiva y dominante disfrazada de ser protectora, parece surgir a partir de una actitud de las clases dominantes de quitar a “sus” mujeres del juego de mercantilización humana, quitándolas del ojo público. Una muestra de ello, la primera cultura en imponer el uso del velo en las mujeres fue la cultura asiria. Las mujeres libres debían usar velo, pero las prostitutas no debían usarlo. Contrario a lo que ocurre hoy en países islámicos fundamentalistas, el castigo se ejercía no contra las mujeres libres que no usasen velo, sino contra las prostitutas que lo usasen, haciéndose pasar por mujeres libres.

El resultado, que ha ocurrido en todas partes del mundo, es que las mujeres siempre han terminado en un rol relegado en la sociedad, tenidas como seres menores, inferiores, que se ocupan de actividades que son tomadas por triviales o irrelevantes, mientras que los hombres son los que ejercen los roles considerados socialmente activos que siempre son disfrazados, como he mostrado en otro artículo, como una suerte de interacción militar. Este parece ser el origen del machismo, y de lo que se denomina actualmente “patriarcado”: esta actitud de mantener a las mujeres como seres inferiores o inofensivos, que deben ser ignorados, agasajados o protegidos, pero en ningún caso ser tomados en serio como personas.

Estas actitudes culturales son fuertes, y difíciles de desarraigar. La mayoría de quienes somos tomados por “hombres” en esta cultura somos enseñados desde niños a considerar a las mujeres como objetos de deseo u objetos de protección, pero nunca como personas. Esto, en mi opinión, explica la exasperada queja que tantos hacen contra el movimiento feminista actual: “¿qué más quieren?, ya somos iguales, ya pueden votar, ya pueden trabajar y vestirse como quieren, ¿por qué se siguen quejando?”. No olvidemos que el voto femenino sólo se obtuvo a principios del siglo XX en la mayoría de los países del mundo (en Chile, las mujeres sólo votan desde 1949. Mis abuelas crecieron su juventud en un mundo donde las mujeres estaban sistemáticamente prohibidas de votar, por tanto, siendo consideradas legalmente personas de segunda categoría). La historia de los actuales movimientos de emancipación de la mujer es tremendamente reciente desde un punto de vista histórico. Lo que estamos viendo hoy es a las mujeres tomando la iniciativa en establecer y clarificar su rol en la sociedad, lo cual, por supuesto, genera siempre reacción, en muchos casos violenta, siguiendo el lamentable patrón histórico que la gente “dominante” ha ejercido sobre la gente “dominada”.

Para concluir este escrito, quiero recordar qué es lo que se recuerda en el Día Internacional de la Mujer. El movimiento obrero femenino decretó en 1910, en una conferencia internacional, que el 8 de marzo debía ser considerado para reivindicar la libertad y los derechos de la mujer trabajadora. Es notorio que esta fecha no sólo está asociada a la mujer como género, sino también como parte de un movimiento emancipador que engloba a toda la sociedad. En nuestra cultura del consumo, la palabra “libertad” sólo significa poder tomar indulgencia en vicios, o en comprar cosas, y donde la libertad de otras personas es tomada como una amenaza a la nuestra. Sin embargo, libertad humana debiese ser, de verdad, la capacidad de generar acuerdos, roles y cultura sin estar oprimidos bajo el peso de costumbres fundadas finalmente en el prejuicio, la costumbre y la violencia. Ese es el rol que el movimiento feminista, me parece, tiene el día de hoy, al desafiar qué es lo que las palabras “hombre” y “mujer” significan e implican realmente, y aún mejor, qué es lo que querremos que signifiquen, para todas las personas en cualquier rol social que imaginemos.

“Antes de que podamos perdonarnos unos a otros, tenemos que entendernos”
Emma Goldman.

Opinion_ElAsiduo

 

 

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