[CRONICA] La propiedad privada (por El Asiduo)

Controversial tema es, en efecto, la propiedad privada. Da lugar a múltiples discusiones, muchas de las cuales eventualmente terminan con argumentos del tipo: “¿acaso a ti te gustaría que te quitaran tu X?!”. Pero no quiero discutir (en exceso) sobre la moralidad o inmoralidad de la propiedad privada en sí en esta columna, sino reflexionar sobre su origen histórico y, como de costumbre, esto nos llevará a la historia romana. Sin embargo, debo hacer un preámbulo antes de ir al hueso del asunto, y aclarar ciertos conceptos claves.

En primer lugar, definiré una idea básica denominada “pertenencia”. La idea de pertenencia está asociada a conceptos y verbos tales como “tener”, “poseer”, “mío”, etc. Generalmente, lo concebimos como una relación entre una persona y una cosa, a través de la cual la cosa le “pertenece” a un “dueño” que tiene exclusividad de uso. Acá caemos en el primer malentendido que se tiene, habitualmente, sobre la “pertenencia”; a saber, que no tiene sentido hablar de ella como una relación entre una “persona” y una “cosa”, sino como una relación entre “personas”. Pongamos el siguiente ejemplo que el antropólogo David Graeber usa en su libro “En Deuda” para ilustrar esta idea. Supongamos que hay un hombre solo en una isla desierta, donde hay unas palmeras. Estando el suficiente tiempo solo, probablemente este hombre establezca, lo que él cree, una relación muy profunda con estas palmeras, llegando al punto de pasarse el día entero en conversaciones imaginarias con las mismas. Sin embargo, ¿las posee? Inmediatamente nos damos cuenta que la pregunta carece de sentido: no tiene sentido hablar de pertenencia cuando él es la única persona alrededor.

Entonces, cualquier idea de “pertenencia” es, en realidad, una relación entre personas, una suerte de “acuerdo social” en que todos nos comportamos como si ciertas cosas fuesen de uso exclusivo de otras: autos, cepillos de dientes, casas, etc. La idea de “propiedad privada” pareciera ser meramente una extensión de esta idea a… lo que sea. Fábricas, terrenos, otras personas, etc. Tal vez podríamos creer que la propiedad privada es meramente una forma de “deformación tendenciosa”, donde una idea que quizá tenga cierta validez en principio para ciertos efectos, es deformada y extendida hasta tal extremo que llegamos a considerar “personas” como “pertenencias”. Pero, la verdad, legalmente al menos, parece ser que esto no es el caso, y aún más, parece ser que la situación es justamente al revés, como veremos a continuación.

Los romanos, de quienes he escrito anteriormente, fueron los que inventaron gran parte de las tradiciones culturales que nos rigen hasta hoy. Se dice que Roma conquistó el mundo tres veces, primero con el Imperio, luego con la Iglesia, y luego con las Leyes, y cada vez con más fuerza, aparenta ser. Aquí hablaremos de las leyes, y de la idea particular de propiedad privada de los romanos, los cuales establecen que la propiedad privada es una relación entre una persona y una cosa (res), caracterizada por el poder absoluto del propietario de hacer lo que sea que se le antoje con su propiedad. Juristas medievales, posteriormente, sintetizaron estos derechos en “usus”, o exclusividad del uso de la propiedad, “fructus”, derecho de los productos de la propiedad, y “abusus”, derecho a ejercer daño o destrucción a la propiedad. Leyendo esto, inmediatamente llama la atención que estos juristas medievales se preocuparan de considerar el concepto de “abusus” en su idea de propiedad privada. Por supuesto, si yo soy “dueño” de un cepillo de dientes, me imagino que si me da la gana, puedo tirarlo por la taza del baño en el momento que se me antoje. Sin embargo, ¿por qué estos juristas medievales, tratando de compilar y hacer sentido de las ideas de propiedad romana, encontraron importante resaltar este aspecto? En cualquier caso, los juristas romanos mismos nunca hilaron tan fino. Para ellos la propiedad era una relación en la cual el propietario tenía derecho a hacer con su propiedad cualquier cosa que se le antojase. Inmediatamente notamos el problema legal con esto. Por ejemplo, si yo poseo un auto, el auto podrá ser mío, pero no puedo usarlo para “lo que se me antoje”. Por ejemplo, no puedo estrellarlo contra otras personas o manejarlo por las vías que yo quiera. Lo único “absoluto” de la relación es impedir que otros lo usen. Esto parece convertir la tradición legal romana y, en consecuencia, todas nuestras tradiciones legales, en una serie de excepciones. ¿Por qué ocurre esto?

Según Graeber, citando al sociólogo jamaiquino Orlando Patterson, en realidad nuestra idea de la propiedad privada se genera a la inversa de lo que pensamos habitualmente. No es que la tradición legal romana parta pensando primero en pertenencias y luego vea a personas como propiedad privada, junto con tierras y campos de cultivo. Primero, se parte pensando que hay personas que son propiedad (esclavos), y luego se legisla sobre los derechos de los “dueños” sobre los mismos. En Roma, como he indicado, el poder estaba concentrado en las clases de la aristocracia o de las nuevas oligarquías comerciales, quienes pagaron ejércitos profesionales que conquistaron todo el Mediterráneo y gran parte de Europa, produciendo millones de esclavos en el camino, como prisioneros de guerra principalmente. Estamos hablando de personas que son tratadas como meras cosas (res) acá. De improviso, todo lo mencionado anteriormente sobre usar, tomar beneficio de los productos producidos y dañar o destruir cobra total sentido. A un esclavo no se le puede “usar” sino bajo amenaza de violencia o asesinato, de modo que se debe garantizar que el amo tenga siempre a mano herramientas legales que le permitan abusar de los esclavos de la forma que estime conveniente. Esto tiene sentido porque, como dice Graeber, el único cuerpo soberano en la sociedad romana republicana era el Senado, la mancomunidad que reunía a todos los principales dueños de esclavos. Es por esto que el concepto de “dominium”, que significa “propiedad privada absoluta” sólo aparece en la república tardía, i.e. años 200-1 A.E.C., la época de la expansión romana.

La influencia de esto en la cultura no puede ser subestimada. A la gente de derecha le encanta hablar de “valores familiares”. No olvidemos que “familia” viene de la palabra “famulus” que es la palabra que significa “esclav@”. El ideal romano era un patrón, dueño soberano, paterfamilias, poseedor de sus esclavos e hijos. Su esposa era, por supuesto, algo complicado, porque siempre en parte una mujer era considerada propiedad también de su padre, pero los romanos consideraban que un paterfamilias tenía poder absoluto sobre sus hijos: su propiedad a quienes podía castigar físicamente de las formas que se le antojase, incluso ejecutarlos, bajo ciertas restricciones. Con sus esclavos, obviamente, estas últimas restricciones no se aplicaban. He usado el género masculino en mis descripciones de “esclavos”, pero me imagino que para nadie es un misterio sobre qué “derechos” los paterfamilias además consideraban tener sobre sus esclavas. Quiero resaltar esto, pues me parece que es una falsificación histórica el hablar del abuso sin mencionar el rampante y sistemático abuso sexual que era efectuado contra mujeres en este esquema.

Lo que ocurrió posteriormente es que los romanos tomaron esta idea de propiedad privada “absoluta” sobre personas y luego la expandieron a “todo lo demás”. Ahora los derechos “absolutos” se empezaron a aplicar a tierras, objetos personales, etc., cubriendo la inofensiva y sanitizada idea de “pertenencia” que mencioné al principio de este artículo. Durante la Edad Media, la idea que la propiedad privada es algo que se obtiene y se mantiene con la violencia es algo que se mantuvo siempre, si bien la esclavitud cayó en picada tras el colapso del gobierno romano, aunque, como sabemos, hizo un regreso triunfal que duró de forma bastante exitosa económicamente (para los dueños, obvio) hasta hace menos de 150 años. Podríamos estar mucho más tiempo discutiendo cómo esta idea se proyecta a otras graciosas concepciones que mantenemos habitualmente, por ejemplo, “yo soy dueño de mí mismo, ¿cómo es eso posible?”, y las ridículas soluciones que se utilizan: “ah, es que yo no soy mi cuerpo, yo soy mi alma, que es algo inmaterial que vive ajeno al cuerpo”. Pero, prefiero terminar con un comentario. En el Siglo XX, la declaración de los derechos humanos al mismo tiempo condena la esclavitud, pero garantiza el derecho a la propiedad privada. Me imagino que debe considerarse un gran logro de la humanidad que esta declaración de derechos al mismo tiempo condene y garantice derechos que se han construido sobre la sangre y sudor de millones y millones de seres humanos a lo largo de la historia.Opinion_ElAsiduo

Anuncios

Un comentario sobre “[CRONICA] La propiedad privada (por El Asiduo)

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s