[OPINION] Algunas notas sobre la nueva Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (por Arturo Moreno Fuica)

El primero de noviembre asumirá oficialmente la alemana Ursula von der Leyen como Presidenta de la Comisión Europea. Paciente, inteligente, tenaz, recatada y, si es necesario, audaz. Estos son algunos de los adjetivos más usados en las últimas semanas para referirse a esta dama con apellido aristocrático. Pero el epíteto que más ha sonado es el de eficiente. Como no serlo siendo madre de siete hijos (¡sí, siete hijos!) y, al mismo tiempo, con una carrera política prodigiosa como la que hasta ahora ha logrado forjar. Se ha cuidado de no exponer a su familia ni utilizarla políticamente, aunque ya su sorprendente constelación es una tentación para ello. Rara vez un notable animal político, ¡y ella lo es!, ha demostrado ser también un magnífico animal laborans; rara vez la “felicidad pública”, que sólo se encuentra en la participación de los asuntos humanos, se ha combinado con la “felicidad privada” de la familia. Mientras ésta es posible incluso cuando el mundo público es un cerro de escombros, la felicidad pública es común que arrastre graves perturbaciones privadas. Quizás por esta estabilidad y armonía hasta ahora perfecta en ambos espacios sea la razón de fondo por la cual al final la detestan sus enemigos políticos ‒ incluyendo los de su propio partido ‒, la glorifican sus partidarios y perturba a los neutrales. No hay duda: antes de hablar, antes de hacer algo, Von der Leyen, como mujer y madre dedicada a la cosa pública, sencillamente polariza.

Su primer cargo público lo asumió en 2001, como concejala en la pequeña ciudad de Sehnde, donde aún vive junto a su familia. Dieciocho años más tarde es la Presidenta electa de la Comisión Europea. No está mal, ¿o? Es cierto que sin ser hija de la elite, esta médica y madre de cinco niñas y dos niños la habría tenido más complicada para poder llegar a estar donde hoy está. ¡Pero aquí no se trata sólo de recursos materiales! Por supuesto, importantes, pero no suficientes. La verdad es que a lo largo de su carrera política, Von der Leyen siempre ha demostrado saber cuándo activar el extraordinario e influyente nido que durante su niñez la cobijó y encaminó, la misma procedencia que desde mediados de los noventas, ahora como red, la ha protegido y patrocinado en su carrera política. Lo que llama la atención es que su gran inteligencia, sus extraordinarias ventajas y los triunfos alcanzados no han suprimido su capacidad de juicio que la ha frenado concebir la fortuna de su cuna como un merecimiento ganado. Quizás aquí se expresa su evangelismo luterano. Recordemos las palabras de Lutero: No es ninguna virtud haber nacido noble, sino convertirse noble. Y Von der Leyen sabe a través de su formación que recién se puede hablar de mérito cuando la suerte, que trae el origen “adecuado”, está ausente. Todo esto se expresa en una suerte de pudor latente que uno puede observar. Se viste impecable, pero rara vez lleva alhajas, y cuando lleva algo, son unos pequeños aros o collar de perlas. Y eso es rara vez. Su estilo es directo y, a veces, su fina figura no le impide ser poca diplomática o, incluso dar respuestas rudas, pero realmente sentidas. La imagen de ella respondiéndole a Jörg Meuthen, eurodiputado de Identidad y Democracia (ID), en el Parlamento Europeo, después que éste anunciara que su colectividad no votaría por ella, resume lo anteriormente expuesto. Su problema es que en un mundo como el actual pocos están dispuestos a apostar a que su recato sea auténtico.

Ya como hija del influyente político alemán Ernst Albrecht estaba maldecida a ser considerada por siempre “la hija de”. Estaba destinada a encarnar la máxima de que lo que en el ámbito privado asoma como una bendición, en el público aparece como una maldición. Sin embargo, los talentos políticos de Von der Leyen hicieron que desde muy temprano se sacara la pesada mochila paternal y fuera considerada por sus pares como un animal político específico que había que considerar e, incluso, temer. En este sentido vale la pena remarcar lo siguiente: Es un hecho que a Angela Merkel se la ha visto dichosa durante estas últimas semanas, pero los comentaristas no puede dilucidar si es por el triunfo de su candidata Von der Leyen o porque ella ya dejó de ser un peligro para su elegida a reemplazarla como Canciller, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK). Yo me inclino a pensar que es por ambas cosas. Como sea, “Rosita”, como la llamaban sus cinco hermanos y su padre, teniendo todas las ventajas de haber nacido y crecido en medio de los círculos del establishment alemán, hay una de la que nunca ha gozado: desde un principio sus contrincantes no han cometido nunca el error de subestimar su vocación por el poder y sus capacidades para hacer uso de él, error que muchos, incluyendo los más avezados en la vida política alemana, sí cometieron con Merkel. No deja de ser irónico, que los mismos que en el pasado subestimaron a la Canciller, son los mismos que desde hace algunos meses fanfarroneaban sobre una supuesta pérdida de su poder. ¡Y plop! Nueva elección, nuevo golpe de timón de Merkel.

Von der Leyen habría nacido, según sus incondicionales, con el “sello europeo”, por el hecho de haber nacido en Bruselas en octubre de 1958. En aquel periodo su padre se desempeñaba en un cargo en una institución europea. Albrecht llegaría a asumir la función de jefe del gabinete de la entonces Comisión Europea. En la capital belga Von der Leyen crecería junto a sus cinco hermanos e iría al Colegio Europeo, quizás en aquella época la escuela más cosmopolita de Europa. Así, el alemán y el francés se convertirían en sus idiomas de formación. La fortuna le sonreiría más tarde, cuando este hecho “fortuito” asumió una importancia política en ningún caso secundaria, cuando, antes de la votación en el Parlamento Europeo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, con toda la conciencia idiomática que caracteriza a la mayoría de sus compatriotas, puntualizó como imperativo hablar francés para asumir tareas políticas de alto rango en Bruselas y Estrasburgo y agregó que estaría encantado de poder hablar con la todavía -en ese momento- candidata a la Comisión Europea en su idioma materno. En la misma línea, Jean-Claude Juncker después de ser ratificada por el Parlamento Europeo la recibiría con las palabras: bienvenida a casa.

Su europeísmo biográfico se ampliaría más allá del continente. En 1978 Ernst Albrecht, por entonces ya Ministro-Presidente del Estado Federado de Baja Sajonia (1976-1990), enviaría a su única hija a estudiar a la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres. Esta decisión fue tomada por él por los acontecimientos acaecidos en el así llamado “Otoño Alemán”. Albrecht temía un atentado contra su hija. Era la época en la que los asesinatos selectivos realizados por la Segunda Generación de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), como es nombrada en la historia alemana, alcanzaban su apogeo. Von der Leyen viviría en Londres con el seudónimo Rose Ladson, apellido, dicho sea de paso,que tenía su tatarabuela estadounidense, Mary Ladson Robertson. La Policía Metropolitana de Londres le prestaría protección. Dos años más tarde iniciaría sus estudios en la Escuela de Medicina de Hannover (MHH). En esta casa de estudios conocería al en aquel tiempo doctorante Heiko von der Leyen con quien se casaría un año antes de terminar sus estudios (1986).Ursula Albrecht asumiría el apellido aristocrático de su esposo con el cual hoy es conocida. En 1987 se titularía de médica y nacería su primer hijo o al revés (aquí sus biógrafos no se ponen de acuerdo). A partir de 1988 hasta 1992 trabajaría como médica asistente. Es en este último periodo que ingresaría al partido de su padre, la Unión Demócrata Cristiana Alemana (CDU). En 1992 la familia, ahora ya con tres hijos, partiría a Stanford (California) para que Heiko von der Leyen hiciera estudios de posgrado en Medicina. ¿Estar en la idílica Universidad de Stanford dedicada solamente a cuidar a los niños? ¡Por ningún motivo! Ella aprovecharía esta estancia para visitar cátedras en la Escuela de Negocios y de Salud Pública. Recién con la llegada de mellizas, en 1994, se ve obligada a suspender sus estudios. Finalmente, dos años más tarde toda la familia Von de Leyen regresaría a Alemania. A partir de 1998 volvería a trabajar en la clínica de la Escuela de Medicina de Hannover como investigadora en la sección de Epidemiología. Aquí Von der Leyen mostraría nuevamente sus “aptitudes logísticas”. Casi como una talentosa malabarista logró combinar sus obligaciones laborales, terminar en esta misma institución superior un máster en salud pública y tener a sus dos últimos hijos.

¿Una carrera política para una médica y madre de siete niños a partir de 2001?: “¿Por qué no? Si tienes un esposo que te apoya”, diría Von de Leyen en una entrevista. Es claro que una respuesta como ésta no ha podido frenar hasta el día de hoy la gigante avalancha de murmuraciones, burlas y polémicas. En cierto modo, se trata más bien de una suerte de “crítica social” – no necesariamente política – contra lo que representa “la mujer” Von der Leyen. Es más, hay quienes consideran que estos ataques muestran una suerte de estado de consternación en la que se encontraría la sociedad alemana desde los sesenta, década en la que las mujeres todavía requerían el permiso de sus maridos para poder trabajar. La opinión de los expertos: Alemania, socialmente hablando, estaría todavía en la actualidad en una transición y aún muy lejos de los niveles de igualdad formal e informal de los países escandinavos. Von der Leyen sería un caso paradigmático de esta transición. Al respecto, la premiada periodista Nina Poelchau explicó su situación de manera polémica, pero – creo – atinadamente. Poelchau escribió: desde la trinchera liberal vociferan que la rubia e estilizada mamá de cinco niñas y dos niños podría calzar perfectamente en una propaganda nazi como el ideal de la madre aria (a lo Magda Goebbels y sus seis hijos), dispuesta a tener todos los niños/as posibles para hacer grande a la raza alemana, mientras que desde la trinchera conservadora es vista también como propaganda viviente pero del perfil de mujer trabajadora socialista de la desaparecida RDA, la cual no habría entendido su rol esencial, la crianza de los hijos/as. Para el primer grupo Von der Leyen habría tenido cada uno de sus hijos como un acto patriótico, para el segundo sería una especie de Yuppie exitosa que con su modo de vida quiere destruir la tradicional imagen de la “deutsche Mutti” dispuesta a dejar todo, incluyendo la posibilidad de hacer carrera, por la crianza de los hijos. Que la irritación de ambas trincheras se haya transformado no en pocas veces en odio, se debe a que ella no defiende un ideal feminista, sino que encarna una práctica femenina que no se deja inspirar por ninguna fuente ideológica específica. Expuesto de otra manera, con ella la pregunta “o familia o carrera” fue desplazada de un tirón en Alemania con la praxis “tanto lo uno como lo otro” y “ambas a full”. Independiente de nuestra posición al respecto, no hay duda que Ursula von der Leyen es una feminini sui generis, una mujer excepcional y única y, por ello, inclasificable. Y esto en mentalidades homogenizadas ‒ progresistas o reaccionarias, da lo mismo ‒ violenta.

Concentrémonos ahora en su carrera política. Los que habitan en los corredores del poder en Berlín señalan que el real anhelo de la electa Presidenta de la Comisión Europea siempre había sido ser la reemplazante de la Canciller. Hoy podemos decir que estuvo cerca de lograrlo. Hubo momentos en que debe haber sentido que virtud y fortuna le sonreían para lograr este objetivo. Uno de los primeros momentos se produjo cuando Angela Merkel la nombró jefa del Ministerio para la Familia en su primer gabinete (2005-2009). Von der Leyen entendió que había que mover el árbol, aunque simplemente cayeran algunas “manzanas maduras”. La sacudida en el primer acto era lo que contaba. Lo central era hacer de lo ansiado algo tangible. Una de estas “manzanas ya maduras”, que de todas maneras estaba a punto de caer, fue una nueva política de prestaciones estatales para las parejas que tuvieran hijos. Quienes decidieran cuidar a la criatura tendrían una reposición total (hasta cierto límite) de su sueldo completo. La ministra se encargó que la ley estipulara que el padre y la madre pudiesen combinarse en el cuidado del infante y recibir esta prestación durante 12 meses o 14 meses, si ambos padres decidieran compartir el tiempo de crianza en esta primera fase de desarrollo de su hijo/a. Nuevamente aparecieron dos frentes. Los conservadores, la atacaron por, como lo llamaron, intervención estatal en el espacio privado de la familia y por querer fomentar políticas con hedor a socialismo desideologizado con las que se pretendían liberar la fuerza de trabajo de la mujer a costa del tradicional rol de la crianza. Por su parte, los liberales y socialdemócratas advirtieron que se trataba de una política clientelista, pues la reforma la entendieron como un apoyo más bien al modelo de familia de la propia ministra, en el cual ambas partes son laboralmente activas a tiempo completo y, por ello, cuentan con un doble ingreso. Pero la verdad es que ya desde décadas que la sociedad alemana reclamaba traspasos estatales significativos para parejas con niños/as. Finalmente, la otra “manzana madura” que hizo caer del árbol fue la decisión de construir nuevas plazas en los parvularios a lo largo de todo el país. Esto y lo anterior se complementaban. Sin embargo, aquí el apoyo fue automáticamente transversal y las críticas vinieron más bien de algunos colegas de su propio partido. Estos mismos verían más tarde (2017) con horror como Von der Leyen sería una de las demócrata-cristianas que apoyaría el matrimonio para personas del mismo sexo.

Después de haber pasado por el Ministerio del Trabajo en el segundo mandato de Merkel (2009 bis 2013) y haber “sacudido el manzano” de esta cartera, fue nombrada por fin Ministra de Defensa en el tercer gobierno de la Canciller en 2013. Para Alemania la primera mujer en asumir esta cartera. Cuesta creerlo – especialmente para un país que está entre los cinco mayores exportadores de armamentos en el mundo y es el socio más importante de Airbus Group, una de las siete empresas de material bélico y logístico más grandes del planeta – pero como Ministra de Defensa Von der Leyen debió intentar solucionar los clásicos problemas de un ejército con insuficientes recursos militares modernos. Era indiscutible la falta de equipo adecuado. Por tal motivo, el presupuesto para defensa fue aumentado en un tercio del obtenido en las administraciones anteriores y Von de Leyen iniciaría la mayor adquisición de material bélico desde el final de la Guerra Fría. Su ministerio se transformó para la industria bélica en uno de los polos de negocios más importante de Europa. Era una cosa de tiempo que la cuantiosa fuente de dinero produjera aluviones de situaciones al borde de lo delictivo. La urgente tarea de modernizar el ejército, combinado con los recursos financieros dispuestos para ello, produjo un desfile de especialistas privados que se ocuparon de encandilar al ministerio con propuestas de proyectos portentosos y consultorías carísimas. Pronto aparecerían voces criticando el uso de los dineros de los contribuyentes. Todo explotó a modo de escándalo en 2017. La popularidad de Von der Leyen se desplomaría a los niveles más bajos de toda su carrera política como ministra de la era Merkel. Castigo insuficiente para calmar las aguas, pues el asunto ameritó crear una comisión investigadora en el parlamento alemán. Este organismo investigador ya ha hablado de nepotismo, desaparición de actas, información borrada de los computadores y ha determinado que tan sólo en el primer semestre de este año el ministerio habría gastado cerca de 155 millones de euros en asesorías externas. Para que se entienda el contexto: el conjunto del resto de los trece ministerios para el mismo periodo gastó alrededor de 179 millones de euros en este tipo de consultorías. Desde el Ministerio de Defensa, donde trabajan más de 20 mil especialistas – por lo mismo se preguntan muchos por qué expertos externos –, se han subrayado los altos costos que requieren el desarrollo de políticas para la seguridad y defensa cibernética y la digitalización. Pero no se crea que la elección de Von der Leyen por el Parlamento Europeo ha hecho decaer el ruido jurídico en Alemania. Seguramente este affaire por excesivos pagos de su Ministerio de Defensa a consultoras privadas la seguirá persiguiendo en los próximos meses. Que tenga que declarar ante la entidad investigadora parlamentaria ya como Presidenta de la Comisión Europea, no se descarta.

La tragedia política de toda esta historia es lo que aún no hemos dicho. Pues este escándalo por el gasto ministerial ensombreció otro, también surgido en 2017, quizás más peligroso, pues no sólo pondría en juego la carrera política de algunos personeros públicos, sino que además podría ser una pequeña vertiente de una corriente subterránea mayor que esté esperando arrasar con toda la estabilidad del quehacer político en Alemania. Se trata del descubrimiento del soldado “Franco A.”, de 28 años, quien habría sido descubierto cuando planeaba atentados contra políticos de alto rango y personas de renombre en la sociedad alemana. La idea del teniente primero era que sus atentados fueran asociados al mundo de los refugiados en Alemania, para lo cual logró registrarse con una identidad falsa como un solicitante de asilo de Siria a fines de 2016. Nadie se explica hasta el día de hoy que sin poder hablar árabe haya convencido a los profesionales de la Oficina Federal de Migración y Refugiados para que le otorgaran un estatus de refugiado oficial y la respectiva protección estatal. Pensemos que estaban sobrepasados y carentes del personal suficiente y apropiado (por lo menos algunos traductores) frente a la gran cantidad de inmigrantes que había que examinar antes de determinar su estatus.  Incluso “Franco A.” llego a recibir apoyo financiero de este organismo debido al permiso de estadía obtenido. Pero otra institución se vería comprometida también en este caso. Es un hecho documentado que el teniente primero fue arrestado y, después de dos semanas, dejado en libertad por el Tribunal de Justicia Federal por falta de pruebas concluyentes. ¿Estrategia de seguimiento de una posible nueva célula de extrema derecha como en el tristemente famoso caso-NSU del 2011? Finalmente, el teniente primero “Franco A.” fue detenido nuevamente incautándosele cuatro armas de fuego, más de mil municiones y 50 dispositivos explosivos. En su barraca se encontraron en las paredes símbolos con la esvástica, imágenes del ejército nazi y fotografías de Landser, la banda de rock más popular en los círculos neonazis. En su confesión reconoció que en la lista de atentados estaba el asesinato del aquel entonces Ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Mass (hoy Ministro de Relaciones Exteriores), y la diputada de Los Verdes, Claudia Roth, por aquellos meses ya vicepresidenta del Parlamento Alemán.

Según mi información, nunca se formó una comisión investigadora, ni en el parlamento ni en otro organismo estatal, para establecer que tan arraigado y profundo podrían estar las posiciones neonazis dentro del ejército. ¿Nadie supo nada? ¿Nadie detectó la desaparición del armamento? ¿Se trató del más alto grado dentro del ejército (teniente primero) con este tipo de tendencias políticas de extrema derecha? La ministra Von der Leyen se enfrentó a los generales y habló de un problema de carácter dentro de los destacamentos y una falsa comprensión del compañerismo de la soldadesca. Exigió que ambos peligros fueran rastreados en profundidad e inmediatamente corregidos por los superiores. Éstos casi de manera instintiva actuaron de manera corporativa y la acusaron de generalizar y, con ello, de querer destruir la moral de sus hombres y mujeres. Mientras tanto desde la socialdemocracia y Los Verdes la ministra recibió la crítica de no haber querido ser más enérgica contra las tendencias neonazis dentro de las tropas y haber claudicado ante la oficialidad.

Pero volvamos ahora a las aspiraciones de Von der Leyen de poder ser la siguiente Canciller. Pues bien, si su nombramiento en 2013 como Ministra de Defensa había hecho que sus pretensiones se fortalecieran enormemente, su confirmación en esta cartera en el cuarto mandato de Merkel vendría con un implícito y amargo mensaje para ella. A principios del 2018, la Canciller llamaría a la Ministra-Presidente del Sarre, Annegret Kramp-Karrenbauer (apodada AKK), a asumir la Secretaría General de la Unión Demócrata Cristiana Alemana (CDU). Ella era la bendecida por Merkel. Quizás Von der Leyen calculó que AKK iba a ser herida de muerte (política) por los machos alfas del partido. Quizás también por lo mismo no demostró afán por el cargo de Secretaria General de la OTAN a mediados del mismo año cuando su nombre sonaba muy fuerte. Pero cuando AKK fue elegida presidente del partido en las elecciones internas en diciembre del 2018 sus expectativas se convirtieron en agria ilusión. Nadie sabe si en lo recorrido del 2019 su anhelo de llegar a ser Canciller se había desvanecido totalmente en ella. Menos aún podemos conocer cuándo supo realmente que era la carta secreta de Merkel para la Presidencia de la Comisión Europea. Lo único que sabemos es que durante los dos últimos años Von der Leyen nunca intentó mover a ninguno de sus aliados ‒ dentro o fuera del partido ‒ contra AKK y que se preocupó de mostrar un apoyo disciplinado o de guardar un paciente silencio ante los ‒ quizás para ella incomprensibles o quizás no ‒ movimientos que la Canciller realizaba frente a sus narices.

Ah, se me olvidaba decir algo. Para la vacante en el Ministerio de Defensa en Alemania, que dejó Von der Leyen, adivinen a quién nombró Angela Merkel. Pues, a Annegret Kramp-Karrenbauer. El día del traspaso de cartera en toda Alemania no se podía encontrar a tres mujeres juntas tan radiantes y joviales.

Pero no hay que olvidar que en política la felicidad de los triunfos desparece en el mismo instante en que se comienza a disfrutarla. Jugada maestra o no de Merkel, los daños colaterales del nombramiento de Von der Leyen no son menores. Por lo pronto, los gritos de sus socios de Baviera, que se escucharon en toda Alemania cuando observaron como su candidato oficial, el bávaro Manfred Weber, era desplazado, se convirtieron en insultos cuando vieron aparecer a una de las más cercanas de Merkel. ¿Se habrán acordado de lo que estuvieron dispuestos a generar a partir de los tristes hechos ocurridos a fines de agosto del último año en la ciudad de Chemnitz?

A propósito de Chemnitz. Si ya sabemos que el primero de noviembre asume la nueva Presidenta de la Comisión Europea, no hay que olvidar que el primero de septiembre habrá elecciones en los estados federales de Sajonia (donde se ubica Chemnitz) y Brandemburgo. En el primero, según las encuestas de esta semana, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) se encuentra en segundo lugar, a dos puntos detrás de los demócratas cristianos. En el segundo este partido estaría en primer lugar. Un triunfo del AfD en uno de estos estados federales, independiente de si la arquitectura electoral evita que lleguen a ser gobierno, podría ‒¡repito!, podría‒ producir el quiebre de la coalición gobernante y obligar a recoger todas las cartas de la mesa (incluyendo a la propia Merkel) para poder volver a repartirlas. ¿A partir de ese momento todo es posible? ¡No, no todo es posible!

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