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[OPINION] Minoría tiranía (por Aland Tapia)

En Chile la minoría es tan respetada que a veces actúa como verdadera tiranía. Ejemplos de estos días sobran. Está la minoría que no quiere cambiar el modelo de gestión del agua, y 12 senadores son más que 24. La minoría manda.

Donde hay minoría de gobierno, a veces algunos de oposición le tiran un salvavidas y otras tantas son los del extremo opuesto los que frenan ciertos proyectos. Me refiero al voto obligatorio.

Este asunto debe pensarse como el mínimo democrático para vivir en una sociedad que requiere de todos y todas, siempre. Acá, entonces, la minoría también gana, disfrazada de mayoría circunstancial.

Hay otras minorías que tienen el control de ciertas calles y plazas, que son violentas y que sirven al propósito de los que no quieren respetar los derechos de otros. Gana la minoría.

Así ganaron las barras bravas y sacaron a la gente pacífica de los estadios, donde van sólo los osados. Otra vez las minorías.

Y qué decir del «apoyo» minoritario al Presidente, patético y deprimente. Y esa minoría ya no tiene la confianza de un país, que todavía respeta algunas instituciones. El Presidente tiene un rechazo del 82% en la encuesta CEP, pero se presenta como apoyo del 6% y aparece todos los días en TV haciendo anuncios que pocos creen. Así son las minorías, disfrazan lo malo en bueno y carecen de credibilidad, pero se las arreglan para ser una minoría que se impone con discursos populistas. Crecen abrazados a la demagogia y no tienen ideología, esto es, no convencen con ideas a los electores, sino que los meten en un sueño del mundo feliz.

Ellos no prometen un trabajo en conjunto, codo a codo, sino que esperan que las personas confíen en que ellos no roban, que son 24-7 y saben más que nadie, de todo.

Las minorías no quieren que la gente vote, que tenga el derecho de hacerlo les parece suficiente. Los datos demuestran que en el voto voluntario votan los que tienen más educación. Pienso que el derecho a voto debe entenderse más como un deber y, en un país que quiere ser desarrollado, una obligación ayuda a hacerse responsable de su propio destino. Como nunca la frase del escudo nacional se puede aplicar a esto: el voto voluntario es por la razón, pero no es anti democrático que el obligatorio sea por la fuerza.

Hay muchas acciones sociales coercitivas que no hacen a una sociedad o sub grupo menos libre. Por ejemplo, una de ellas es ir a las reuniones de apoderados. Esto no pone en riesgo la vida de nadie, como la obligación de detenerse ante una luz roja del semáforo o el disco pare. Eso es lo que representa el voto obligatorio, un mínimo cada dos años. No es mucho pedir dejar al tirano en casa, mientras votamos a quién debe guiar nuestro destino en el barrio, la comuna y el país.

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