Opinión

[OPINION] Fanfarria por una aldea mediatizada (por Fernando Franulic Depix)

TV DE VERDAD 

El antiguo lema de Chilevisión, antes de que formase parte del grupo Times Warner, era TV de verdad: ¿de este enunciado cuántas connotaciones se configuran? La primera, que podría ser la propia denotación, se refiere a que es un canal que vela por los intereses del gran público. Y la segunda, se trataría de la noción de que la televisión “te ve de verdad”, es decir, que la televisión te mira en el espacio de lo privado. Sin embargo, esta segunda acepción es claramente delirante, no solo por la aberración histórica de tal situación social, sino también en razón de las condiciones objetivas del desarrollo de la ciencia y la tecnología, como plantea el primer Habermas.

VIDAS ESTELARES

Siguiendo con la perspectiva de Habermas, en este caso el segundo, vale decir, después de su giro lingüístico, es posible apreciar que en la televisión chilena no se dan ninguna de las pretensiones de validez, salvo la inteligibilidad. Los matinales constituyen una serie de afirmaciones que no poseen ni rectitud ni veracidad ni verdad. En este sentido, nunca se pasa al argumento discursivo.

Así, se constituye la farándula, sin argumentos, solamente como un largo enunciado sobre las propiedades, los viajes, las fiestas y los lujos de las figuras centrales de la televisión local. En otro texto de mi autoría (Crítica de la razón periodística), próximo a ser publicado, planteo que las clases proletarias intentan emular aquellas vidas estelares.

En cambio, actualmente, pienso que las clases proletarias y subproletarias no se dejan engañar: ven la televisión de manera crítica, buscando quizá una respuesta nunca dada ni nunca planteada. Buscando, por ende, la justicia que nunca llega, la cual es escondida bajo la mercancía espectacular: el chisme y la palabrería de los opinólogos y los rostros del negocio televisivo. En el contexto actual, es la justicia para los que perdieron (parcial o totalmente) la visión y los muertos en la reciente y siempre quemante revuelta social. Y en la mediana duración: la justicia para los detenidos desaparecidos que dejó la dictadura chilena.

Por tanto, existe una posibilidad nula de que la gente le compre al medio televisivo: se lo considera un “controlador” que emite textos y signos visuales para fidelizar un público mercantilizado, pero sobre todo nadie ya desea emular las vidas estelares, porque está claro de que se trata de vidas sin sentido –a pesar de la riqueza.

CLASE POLÍTICA Y CLASE TELEVISIVA

A veces pareciera que es más importante lo que dicen diputados y ministros en los programas de televisión que en sus respectivos campos de acción política. Y cuando se vulgariza el discurso político, se atenta en quienes recae la soberanía en una democracia liberal. Entonces, estamos en presencia de la quiebra del Estado moderno, por tanto, la continuidad del Estado mismo está en juego y, de este modo, o surge la anomia o, lisa y llanamente, la revolución social. Creo que seguir ahondando en este punto sería tropezar, una y mil veces, con la frase de Los Prisioneros: ¿Quién mató a Marilyn? La prensa fue o la radio tal vez.

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