[OPINION] ¿Democracia o neoliberalismo para Chile?: Diciembre de 2021, oportunidad para el cambio (Silvio Becerra Fuica)

Teniendo en consideración la crisis social, política y económica que está viviendo Chile, la que se ha extendido por más de cuatro décadas, ha llevado a que una gran mayoría de sus ciudadanos hiciera escuchar su voz -estallido social del 18 de octubre de 2019- exigiendo con autoridad todos aquellos requerimientos que deberían producir cambios en la actual y deficitaria realidad social que les ha tocado vivir por tanto tiempo -nueva Constitución-, constituyendo un marcado ejemplo de desigualdad e inequidad social para la región, la que se manifiesta de manera transversal en todas aquellas áreas de gran necesidad para las personas, como la salud, la educación, el transporte, la alimentación, los sueldos, pensiones y otras más, que son un requerimiento imperativo y necesario que el Estado, mediante el respectivo gobierno, debería considerar y cumplir como una manera de satisfacer las justas demandas sociales de la población, la que por mucho tiempo ha sido sometida al modelo económico neoliberal que, como sabemos, tiene como su máxima fundamental el crecimiento económico y todo lo que ello conlleva, dejando de lado aspectos que son inherentes a una sociedad que propicie un desarrollo integral que sea capaz de mantener un equilibrio al interior de sus procesos. Me refiero específicamente a la parte social y ambiental entendida en un contexto democrático y con un efectivo estado de derecho.

Este tipo de sociedad de la cual hemos sido parte y que incluso después del estallido social del 18 de octubre de 2019 aún se mantiene vigente, produce sin duda desarrollo económico y riqueza, lo que ha sido reconocido por los organismos internacionales atingentes, pero que en el momento de su distribución no alcanza para toda la población porque, de acuerdo al modelo, así ha sido pensado y como tal cumple con sus objetivos de base. Situación que también fue advertida e informada por estos mismos organismos internacionales; lo que nunca fue escuchado ni considerado por los gobiernos de turno, dando lugar a la crisis social en que nos encontramos, generándose una especie de río revuelto donde los manejadores de siempre, políticos y respectivos partidos continúan disputándose el poder, defendiendo posiciones ideológicas que no representan ni satisfacen las demandas sociales que los ciudadanos están exigiendo.

En este contexto y con estos antecedentes, como conglomerado social y ciudadanos responsables debemos reconocer que también somos parte culpable de este estallido por la indiferencia social y política que mantuvimos durante las últimas décadas, mediante la cual permitimos que se fuera tejiendo y concretando la estabilidad del modelo económico actual. Quizás haya mucho de verdad en ese dicho que flota en el ambiente que señala que “cada país tiene el tipo de gobierno que se merece”, lo que se refleja claramente en lo que ha sido la historia política y económica vivida por todos los chilenos desde la segunda mitad del S.XX en adelante, en que pareciera existir una secreta complicidad de los ciudadanos para que esto fuese así. Por lo anterior y por la situación contractual en que nos encontramos como sociedad, marcada por la indefinición, la inseguridad y por la gran cantidad de mesías que han surgido al amparo de esta crisis social, sólo nos resta escuchar a nuestras propias conciencias y luchar por lo que nos parece correcto socialmente, de manera de evitar el permanente bombardeo ideológico que en todo momento cae sobre nosotros y nuestras mentes en particular, lo que también es una difícil tarea pues en ocasiones nuestra mente, sin nosotros quererlo, es alimentada con información de tipo subliminal, la que asimilamos en forma inconsciente y que en algún momento determinado se traduce en opiniones y acciones que tomamos en forma personal frente a determinadas situaciones a las que nos vemos enfrentados en nuestra vida.

Frente a esta complicada realidad social y como una forma de decantación de toda la incertidumbre que nos rodea, es bueno no perder de vista algo que es fundamental y que está con nosotros en todo momento. Me refiero al concepto de democracia, que se traduce en un sistema de gobierno que muchas veces no hemos entendido y lo hemos usado para beneficio de causas particulares, situación que lleva a que muchos países como el nuestro tengan que pasar por crisis como las que estamos viviendo.

La democracia es expresión de una libertad personal y colectiva, que permite pronunciarnos sobre lo que es de nuestro interés por medio de la elección de quienes queremos que nos representen y nos gobiernen.

No obstante que cada individuo es libre para elegir a sus gobernantes, esto no es en absoluto una garantía de que los motivos o intereses que nos llevaron a elegir a determinado gobierno, serán cumplidos por este, pues el mismo juego de la democracia tiene mecanismos y poderes autónomos para manejar el Estado -que en el caso de Chile son el poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial-, lo que indica que el poder Ejecutivo por sí solo no estaría facultado para tomar las decisiones que permitan dirigir los destinos de la nación.

En toda sociedad democrática, sea cual sea el tipo de gobierno que impere, existe un común denominador que se manifiesta en el hecho de que cada individuo tiene su propia manera de ver e interpretar la realidad que le rodea, existiendo en esto posiciones diversas y encontradas, pero que sólo se manifiestan libremente en un gobierno democrático. Todo otro tipo de gobierno impide que sus ciudadanos puedan expresarse libremente según su voluntad e intereses.

Como podemos ver, toda sociedad democrática, no porque lo sea, es un tipo de gobierno perfecto. Pero aún así, a pesar de sus defectos, es el gobierno que la gran mayoría de naciones prefieren y aceptan, siendo una muestra de ello que, por muchos siglos, esta forma de gobierno ha sido la preferida y es la que ha persistido en el tiempo.

Como se desprende de lo dicho, la democracia permite un estado de libertad que puede ser físico, espiritual, intelectual, etc., pero que a la vez tiene sus limitantes si consideramos que el derecho a la libertad en democracia lo es para mi persona como también para cada una de las personas que me rodean. ¿Dónde está el límite de mi libertad? Se dice que mi libertad termina donde comienza la libertad del otro, lo que significa que el gobierno de turno deberá satisfacer los requerimientos de la sociedad democrática en forma colectiva y no en forma individual.

Todo gobierno democrático recién elegido tiene claro cómo comenzar a gobernar según lo prometido, pero no sabe cómo va a terminar, pues en definitiva debido a la dinámica cambiante de la sociedad, no existe un gobierno que haya sido capaz de cumplir su programa y sus promesas, lo que pasa a ser normal, pero que incide fuertemente en que los electores puedan cambiar su preferencia de voto por otra persona o agrupación política, lo que le satisface, pues le permite hacer uso de su libertad, permitiéndole castigar de algún modo con su voto al gobierno por el cual votó y que en la práctica no cumplió con sus compromisos y, por ende, con sus expectativas personales y/o grupales. Algo de esto se ha concretado en el proceso eleccionario del domingo 21 de noviembre recién pasado -primera vuelta-, día en que la ciudadanía votante pasó una dura cuenta a todas aquellas corrientes políticas que por años hicieron oídos sordos ante el clamor ciudadano que solicitaba justicia social, pero con equidad.

Un gobierno democrático no es necesariamente un buen gobierno, pues, por lo general no cumple a cabalidad con la solución de los problemas que promete solucionar; por lo tanto, la democracia por sí misma no es garantía de cumplimiento, pero como se dijo anteriormente y teniendo en cuenta sus lógicas deficiencias, es dentro de todos los sistemas de gobierno el más aceptado y que probablemente lo seguirá siendo en los siglos venideros, avalado por el trasfondo libertario que ofrece a la sociedad, insumo inmaterial que fortalece y mantiene vivo el espíritu del ser humano.

Finalmente, lo que interesa destacar y que se debe tener en cuenta para las decisiones políticas, que los chilenos ya comenzaron a tomar a partir del mes de noviembre del presente año, es tener una meridiana claridad de que el modelo neoliberal es y será un sistema definitivamente antitético con la democracia y la existencia de un estado de derecho, considerando que un verdadero sentido de la democracia resulta incompatible con la concentración extrema de ingresos y de riqueza en pocas manos. Esta incompatibilidad se perfila en el hecho de que este modelo no considera un ordenamiento jurídico que contemple herramientas de democracia participativa y deliberativa, porque ello significaría avanzar en la igualdad de las relaciones sociales, incidiendo en un incremento de los mecanismos sociales de control y fiscalización al poder establecido, ¡y eso!, por supuesto, no conviene al neoliberalismo.

Consecuente con lo anterior, y con una debida valorización de lo que debería ser un gobierno democrático, debemos preparar el espíritu y mantener la templanza necesaria de manera que nuestra participación en la histórica elección de presidente que tenemos ad portas, en segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, sea la expresión de nuestra conciencia individual como social y nos deje la sensación de haber elegido la mejor opción para el destino futuro de nuestro apreciado Chile.

Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía
Villa Alemana

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