Opinión

[OPINION] Mes del Mar y conciencia marítima: El aporte de la Armada de Chile (Silvio Becerra Fuica)

En el contexto de lo que han sido las celebraciones del ya tan tradicional Mes del Mar, es oportuno hacer una sencilla reflexión al respecto.

Para nosotros los chilenos ha sido siempre un lugar común el que digamos a voces que somos un país marítimo, lo que no deja de ser una gran verdad desde un punto de vista geográfico, pero no lo es tanto desde el punto de vista de una toma de conciencia social e individual de dicha realidad, la que pudiese ser garantía de acciones concretas vinculadas a lo marítimo.

A pesar de lo dicho, es justo reconocer que ha habido esfuerzos por revertir esta realidad por parte de la Armada de Chile, que aparte de toda consideración política, en cumplimiento de su rol, ha logrado abrir una brecha en nuestras conciencias, promoviendo este tipo de conocimientos a una gran mayoría de personas que por muchas décadas permanecieron y aún permanecen en una actitud pasiva y distante en todo lo relacionado con lo marítimo, teniendo en cuenta que este es un pilar fundamental para entender el concepto de soberanía.

Durante el mes de mayo de cada año, son innumerables las actividades realizadas en torno a lo marítimo -clases magistrales, foros, seminarios, publicaciones y entrevistas-, todas estas tendientes a la ampliación de nuestro horizonte ciudadano que se encuentra anclado en lo terrestre, de manera tal que podamos ir mucho más allá de los límites jurisdiccionales marítimos correspondientes a nuestro país, evitando de este modo una especie de amarra que nos mantiene sujetos a una limitada concepción de lo que conocemos como Mar Chileno; lo que impide que seamos capaces de visualizar ese inmenso Océano Pacífico, que afortunadamente baña nuestras costas, como también la de todos los países ribereños que forman parte de la “Cuenca del Pacífico.”

¿Qué quiere decir que vayamos más allá de nuestras fronteras marítimas? Indudablemente que no se refiere a un afán invasor de otras soberanías, sino que más bien es un esfuerzo integrador con otras culturas y economías que tienen un mismo destino marítimo.

En muchas oportunidades y en diferentes tribunas se ha hablado de lo importante que es el mar adyacente a nuestras costas, como asimismo el gran “Océano Pacífico” que nos cobija y proporciona todas las potencialidades que un país como el nuestro requiere para desarrollarse. Es preciso, por lo tanto, que seamos capaces de valorar la gran riqueza que nos ofrece este generoso ambiente marítimo, del cual somos soberanos en una gran extensión.

No todos los países pueden decir lo mismo, pues no han tenido en suerte, en términos geopolíticos y océano-políticos, ser poseedores de uno de los litorales más extensos que país alguno pudiera tener. Es por eso que debemos sacarnos de encima esa anquilosada telaraña del mundo inmediato en que vivimos, con el fin de poder vislumbrar con la mayor claridad posible las potenciales oportunidades y riquezas que este generoso mar y océano ponen a nuestra disposición.

En esta lucha por abrir puertas, que nos permitan empaparnos de un sentimiento marítimo-ciudadano, la Armada de Chile, en cuanto institución, ha mantenido en el tiempo y en forma sostenida una campaña que es dable destacar por lo educativo e incentivador de su propuesta, pudiendo llegar a muchas conciencias individuales que, en muchos casos, ha impulsado a la reflexión, no solo en el plano individual, sino también en los lineamientos generales del país; tanto es así, que la Armada, en su momento, hizo entrega al gobierno de turno un documento denominado “Bases para la formulación de una Política Oceánica Nacional, una contribución al desarrollo”, convirtiéndose en un valiosos aporte, teniendo en consideración, que surge de una institución cuya razón de ser fundamental es el mar y todo lo que de este se desprende. La Armada llevó a feliz término este documento, con la activa colaboración de la comunidad científica nacional, de gobierno y privada, trabajo finamente coordinado que permitió compatibilizar las diferentes opiniones e ideas respecto de lo marítimo.

Lo importante de todo esto es que se puedan aprovechar aportes como estos en las esferas de gobierno, los que por ser producto de un trabajo interdisciplinario, eminentemente científico y técnico, constituyen un camino y un tiempo ya ganado al constituirse en una “Política Oceánica Nacional” que considera los principales tópicos -investigación y difusión de lo marítimo, ocupación y explotación racional de los recursos vivos y no vivos de nuestro mar, medidas de protección ambiental, adecuada ocupación del extenso borde costero de que disponemos, presencia naval en los espacios marítimos jurisdiccionales, incursión de pesqueros chilenos en aguas pertenecientes a la Alta Mar, donde se mantiene vigente el concepto de la libertad de pesca, conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Nuevo Derecho del Mar (Convemar)- de los cuales como país deberíamos ocuparnos.

Además de todas las potencialidades, ya mencionadas, hay que agregar su especial característica de ser el único país tricontinental -Chile Continental, Chile Insular y Chile Antártico- de cara al Océano Pacífico.

En este contexto, no es una casualidad que Chile, por intermedio de la Armada, haya venido editando nueva cartografía, relacionada con cada uno de los espacios marítimos y terrestres que forman parte de esta tríada soberana de Chile en el Pacífico Sudoriental. Es así, como en el año 1986, teniendo como base esta realidad, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA), editó la carta especial N° 16 “Chile en el Océano Pacífico”, que presenta y proyecta espacialmente a Chile, hacia el entorno de los países ribereños que forman parte de la Cuenca del Pacífico. Dicha carta, cuya primera edición es de 1990, fue mejorada y reemplazada por una nueva edición el año 1995, cambiándose la proyección cartográfica, de una conforme modificada a una equivalente de Aitoff, logrando de esta forma una mejor representación cartográfica de la Cuenca del Pacífico y la posición estratégica de Chile en esta.

Posteriormente, reforzando esta idea, el SHOA publicó una carta especial, la N° 15 “Chile Continental, Territorio Antártico Chileno, Islas Oceánicas y Mar Chileno”, que muestra por primera vez en un solo plano esta triple dimensión territorial, permitiendo superar la tradicional y muy poco didáctica representación de una soberanía parcializada de los espacios territoriales soberanos que entregaba a las generaciones anteriores a la década del 70, en forma fragmentada, un Chile Continental, un Chile Insular y un Chile Antártico.

Seguidamente, durante el año 1994, el SHOA editó una primera edición, fotogramétrica, de la carta N° 2510 Isla de Pascua (Rapa-Nui), escala 1:150.000, con la representación del Mar Territorial de 12 millas marinas, configurándose de este modo un triángulo imaginario en la Alta Mar, que va desde el límite de nuestra Zona Económica Exclusiva (ZEE) continental y el meridiano que, pasando tangencialmente por el límite de las 350 millas -generado por la Plataforma Continental de Isla de Pascua-, se prolonga desde el paralelo de Arica -Hito N°1- hasta el Polo Sur. El espacio encerrado por este límite imaginario es conocido por la comunidad nacional e internacional como “Mar Presencial”.

Como una manera de dar término a esta modesta reflexión respecto de lo marítimo, es imperioso señalar que importa mucho poner oídos a los conceptos emitidos por las Naciones Unidas, entre los que destaca su preocupación por los “océanos del mundo,” haciendo hincapié en la protección de éstos desde un punto de vista ambiental, como también de la explotación racional que debe hacerse de sus recursos vivos como no vivos, los que, al no ser inagotables, ponen en grave riesgo a la humanidad, realidad actual de características globales que debe ser escuchada, la que imperativamente nos impone la necesidad de mantener una segura navegación por los mares y océanos del “Desarrollo Sostenible”, como una manera de asegurar nuestra supervivencia en el planeta tierra.

Todo lo anterior depende de acciones concretas que vayan más allá de propuestas que mueren en el ámbito de lo exclusivamente teórico, las que afortunadamente parecieran estar tomando cuerpo en el trabajo realizado por la Convención Constitucional que está analizando y discutiendo una iniciativa relacionada con el concepto de “maritorio”, el que, por su amplitud, considera los diferentes temas relacionados con lo marítimo; se estima que entre los constituyentes existiría un amplio consenso para su aprobación e inclusión definitiva en el texto de la Nueva Constitución, lo que todos los chilenos esperamos sea una realidad. Como indica el refrán, la esperanza es lo último que se pierde.     

Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía
Villa Alemana

Categorías:Opinión

Etiquetado como:,,

Deja un comentario