[OPINIÓN] Chile es mucho más que fondas, asados y cuecas (Marcelo Trivelli)

 @mtrivellio 

// ¿Qué celebramos realmente los chilenos el 18 de septiembre?

Las fondas, los asados, las empanadas, las cuecas y las banderas forman parte de nuestras Fiestas Patrias y está bien que así sea. Afortunadamente, muchas escuelas y colegios mantienen vivos los bailes y trajes típicos, mientras algunos municipios conservan los tradicionales desfiles de organizaciones de la sociedad civil.

Pero el 18 de septiembre es mucho más que eso.

El consumismo tiene una extraordinaria capacidad para apropiarse de nuestras conmemoraciones y vaciarlas de significado. El Día del Niño se transforma en regalos para los niños; el Día de la Madre y del Padre, en regalos para ellos; la Navidad alcanza niveles máximos de consumo y el Año Nuevo se confunde con la fiesta. El 18 corre el mismo riesgo de transformarse simplemente en fondas, asados y varios días feriados.

¿Cuántos chilenos recuerdan qué ocurrió realmente el 18 de septiembre de 1810? ¿Cuántos saben que nuestra independencia fue proclamada recién en 1818 y que quedó consolidada militarmente el 5 de abril de ese año en la batalla de Maipú?

Recordar nuestra historia importa porque una nación no se construye solamente sobre un territorio. Se construye sobre una memoria compartida, valores comunes, vínculos entre quienes la habitamos y una esperanza de futuro.

Por eso resulta tan desafortunado que, con motivo de los 53 años del golpe de Estado, el Presidente Kast haya planteado que no podemos estar condenados por nuestra historia a no poder mirar el futuro de nuestra nación. Es un falso dilema.

Presidente Kast: mirar hacia atrás no nos impide mirar hacia adelante. Nos permite saber desde dónde miramos el futuro.

Olvidar nuestra historia vacía de sentido la conmemoración del 18 de septiembre y debilita las bases sobre las cuales construimos nuestra identidad y defendemos nuestra soberanía.

La pregunta no es teórica. Cobra especial importancia cuando desde España algunos pretenden reconstruir una denominada “Iberosfera”; cuando desde Estados Unidos reaparecen doctrinas que consideran a América Latina dentro de su esfera natural de influencia; o cuando desde Argentina se insiste en instalar internacionalmente la idea de que ese país es bioceánico.

¿Cómo defendemos nuestra soberanía si olvidamos por qué quisimos ser soberanos?

Para hacerlo necesitamos identidad y orgullo nacional. Y necesitamos reconocernos en todo nuestro territorio. Chile no es solamente la zona central. Chile es la pampa y el altiplano; la cordillera que nos acompaña de norte a sur y el océano que nos abre al mundo; los valles, los bosques y los archipiélagos; la Patagonia, Magallanes, los hielos australes, Rapa Nui y Araucanía y nuestro territorio antártico. Somos un país largo, diverso y muchas veces distante, pero compartimos una historia y un destino común.

También compartimos valores. Chile es la solidaridad que aparece frente a cada terremoto, incendio o tragedia. Es el respeto al Estado de Derecho y a la dignidad de cada persona. Es una democracia que no se agota en depositar un voto, sino que busca el bien común y nos invita a convivir con quienes piensan distinto.

Por eso no podemos hablar de unidad nacional mientras relativizamos asesinatos, torturas, violaciones, secuestros y desapariciones. Nuestra historia tiene páginas luminosas y otras dolorosas. Todas nos pertenecen. Recordar las primeras nos llena de orgullo y recordar las segundas nos compromete a no repetirlas.

Y tampoco olvidemos el 19 de septiembre. Estoy orgulloso de haber realizado mi servicio militar, en democracia, en el glorioso Regimiento Buin. El Ejército de Chile también forma parte de nuestra historia, con sus luces y sus sombras. Las instituciones no se fortalecen ocultando su pasado, sino aprendiendo de él.

Celebremos entonces las fondas, los asados y las cuecas. Bailemos, reunámonos alrededor de una mesa y pongamos nuestra bandera. Pero cuando la veamos flamear en una casa, una escuela, una plaza, en medio de la pampa o frente a los hielos australes, recordemos que esa bandera representa mucho más que una fiesta.

Representa nuestra historia, nuestro territorio, nuestros dolores y nuestros orgullos. Representa a quienes estuvieron antes que nosotros y a quienes vendrán después. Representa nuestra decisión de vivir juntos, respetarnos y gobernarnos a nosotros mismos.

Por eso el 18 de septiembre celebramos mucho más que fondas, asados y cuecas. Celebramos que somos Chile.

Presidente Kast: recordar nuestra historia no nos condena al pasado. Olvidarla sí condena nuestro futuro.

Marcelo Trivelli
Panelista FTV

 


Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de su(s) autor(es) y no necesariamente representan las del Diario La Quinta. 

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