[CRONICA] Ocho Viñetas para Ronald Heim… O el espacio trastocado de “Llegar” (por Guillermo Rivera)

I. En la obra de teatro “LLEGAR”, escrita y dirigida por Ronald Heim, un padre visita a sus tres hijos después de veinte años de ausencia. Intempestivamente, sin aviso, y se ponen a conversar, bajo un farol, en la calle. El núcleo de la sociedad (la familia) se encuentra en un lugar público: no hay casa ni intimidad. El espacio está trastocado.

II. Es precisamente este desconcierto –esta falta de lugar-, la metáfora de la obra, o el tema mismo de la obra, desde su comienzo hasta su fin. Es decir, el espacio de la familia ha estallado en mil pedazos a causa del quiebre de la relación de los padres, además, se trata de una relación expuesta  a la fuerte tensión exterior que se ha incrustado en el ámbito doméstico, como son la historia de Chile y la sociedad del espectáculo.

III. El farol y la calle son así el simulacro de un comedor familiar donde el padre es un intruso y los hijos sus personajes atormentados.

IV. Esta alteración de los espacios es uno de los aspectos más interesante y desconcertante de la obra. Pues muestra la conexión invisible y exacta, entre la realidad de un pequeño mundo (la familia) y la realidad del gran mundo (la sociedad), donde ambas tienden a establecer su predominio y, como en una cartografía insensata, se descomponen en innumerables puntos sin dirección alguna.

V. La potencia de esto, se percibe en dos momentos de la obra. El primer momento se refiere al padre, especialmente a su época en que se forjó la figura del sueño colectivo, y donde ese sueño de una sociedad más justa terminó destruido brutalmente y lanzado a un agujero y taponado con tierra. El segundo momento, es el presente, la sociedad del espectáculo, donde la mercancía es el fin último, cuyas nociones de éxito y fracaso, de estatus y realización, se encuentran reguladas por el mercado.

VI. En esta situación vemos a los personajes en el intento de aferrarse a una imagen de sí mismos. Pero no funciona. El correlato para ellos continúa siendo el desierto o la intemperie, una casa prometida que no está, con padres bondadosos y preocupados, que tampoco están. Es por lo mismo que el lenguaje en ellos no funciona. Las palabras se perdieron, pues ya no pueden comunicarse, y sólo logran establecer un principio de algo a través de la rabia, el desahogo, o la frustración.

VII. La elocuencia del padre, por ejemplo, se basa no sólo en cierta facilidad de palabra, sino también en cierta auto indulgencia. Es parte de los derrotados. Sus sueños han sido arrasados y nos da la sensación que, totalmente absorto en sí mismo, sus diagnósticos de la vida y la sociedad son duros y equívocos.

Los hijos, por otra parte, optan por la huida. Sea ésta a través de la apariencia, o el autoengaño, como es el caso de la hija mayor que trabaja en un Call Center y está embarazada de su jefe; a través de la desvaloración en un trabajo ridículo, en el caso del hijo actor, que disfrazado de ratón reparte volantes en las calles a años luz de su ejercicio del monologo de Hamlet; o la hija menor que estudia pedagogía y tiene una actitud ambivalente ante su deseo de cambiar las cosas, pues teme estar repitiendo los gestos y, por tanto, la derrota del padre.

VIII. Con una estructura sobria y un ágil uso del dialogo, LLEGAR, parece indicarnos, finalmente, que el espectro de la familia feliz quedó relegado en alguna parte, o que el torbellino de veinte años de olvido, no conducen a una puerta de sentido ni a un vértigo enriquecedor.Opinion_GuillermoRivera

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