Opinión

[OPINION] Día de la Tierra: patrimonio neoliberal en Chile (Barbara Astudillo y Camila Musante)

Un día celebrado en muchos países del mundo pero, en donde habitamos, con una deuda histórica en materia legislativa e incluso constitucional.

Se instauró este día para generar conciencia, algo que no ha logrado escalar a políticas públicas estatales, donde somos parte responsable de normalizar las zonas de sacrificio; se ejecuta contaminación, exterminio de biodiversidad, un Holocausto en una desertificación masiva.

Con políticas insuficientes, el problema de fondo es que actualmente no existe una ley marco de suelos en el país. Chile es uno de los pocos países OCDE que no tiene legislación en la materia, y es algo que profesionales del área y la misma Sociedad Chilena de Ciencias del Suelo vienen pidiendo hace al menos tres décadas, regulación que está atrasada en una temática como cambio climático.

Mientras sigamos hablando de modernizar la economía y no de adaptar la economía a las realidades materiales, seguiremos instauradas en un modelo agotado e insostenible. Por eso, una ley de cambio climático es insuficiente. Debemos hablar de transición justa hacia nuevos modelos de eco desarrollo con enfoque en el cuidado y la tasa de reposición a nuestra naturaleza.

El problema puede estar en que, para hacer esa planificación, hay que afrontar dilemas concretos y dolorosos. Prueba de ello es cómo estamos creando un nuevo lenguaje ambiguo para que todo el mundo esté contento, cuando es imposible. Ponemos un ejemplo: la muy mencionada «predictibilidad» que parece usarse como una señal para los numerosos intereses empresariales; sin embargo, las activistas climáticas no estamos hablando de lo mismo. Para una empresa, lo predecible son las garantías para que, si invierte dinero en un negocio, no se lo cierren antes de haber obtenido el beneficio esperado. Mientras que, para la emergencia climática, lo único predecible es que o hacemos el cierre de esos sectores por voluntad propia o la fuerza de los hechos acabará cerrándose con peores o catastróficas consecuencias sociales. Las activistas ecologistas queremos predictibilidad, en forma de calendario de cierre y fechas, para alcanzar un sistema justo que ponga en el centro la vida.

Volvemos a exigir a quienes deberían proteger el interés general que recapaciten. Nuestro país está siendo sobreexplotado para generar riquezas, pero ese dinero no tiene la capacidad de producir genera agua, tampoco la de descontaminar el aire para que podamos respirar.

Hagamos el ejercicio: intenten estar tres días sin agua y aguantando la respiración con estos billetes en nuestras cavidades nasales. Es imposible que puedan sobrevivir. La única forma es lo finito de los elementos vitales, de los elemetos que componen la naturaleza, esa red invisible de elementos vivos, por eso la tarea es cuidar nuestra casa común dentro de un Estado fuerte, solidario, con enfoque real a lo que debe prevalecer nuestra subsistencia.

Hay que definir cuál es la demanda básica de nuestra sociedad, así afrontar la realidad y el futuro, lo que nos permitiría discutir públicamente sobre qué sociedad queremos y la trascendencia de la lucha climática. Es decir, debatamos el fondo del asunto sobre si los valores que nos definen como sociedad son la justicia social, ambiental e intergeneracional, o si es la preservación a toda costa de la producción, la economía y el creciente proceso de globalización neoliberal.

Este es el debate civilizatorio que tenemos que abordar para enfrentar la emergencia climática. Seguir mirando a otro lado creyendo que con leyes tibias hemos avanzado mucho solo dará más tiempo para que empeore la situación.

Barbara Astudillo
Activista Eco Feminista

Camila Musante
Candidata Constituyente Distrito 14


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