Opinión

[OPINION] “Atrapados en Japón”: El despertar de una historia (Silvio Becerra Fuica)

“Atrapados en Japón” es una joya del cine documental chileno (2015) que, bajo la magistral dirección de Vivian Barry (1947), logra poner en perspectiva una historia de su vida en la cual se entremezclan sentimientos y emociones que esta pretende encausar, lanzándose para ello tras la azarosa búsqueda de la propia identidad emocional que le ha sido arrebatada por las circunstancias, que le provocan un profundo sentimiento de vacío personal, que requiere de una necesaria reparación.

Su progenitor, el reportero Carlos Barry Silva, representa para Vivian al padre desconocido del cual ninguno de sus familiares más cercanos pudo entregarle información fidedigna que le permitiera sentir esa ligazón emocional tan necesaria para su proyecto de vida. Por este motivo decide emprender el vuelo, iniciando por propia cuenta un periplo sin vuelta atrás que le permitirá encontrar todas las respuestas que le fueron negadas por tantos años. Esta interacción espiritual entre una hija (Vivian) y su padre muerto (Carlos Barry), que se desenvuelve en un escenario definido por un presente–pasado, que permite la cristalización de un presente–futuro, marca la trama principal de la obra “Atrapados en Japón”.

La historia en sí comienza en el año 1941, cuando seis reporteros chilenos fueron invitados por el gobierno japonés para ir a conocer la realidad de vida de su pueblo en todos sus niveles con el fin de que éstos, libremente, pudieran informar de lo conocido en esta nación asiática. Los reporteros encargados de esta misión periodística y que formaron parte de este viaje, a semanas de iniciarse la Segunda Guerra Mundial fueron Carlos Barry Silva (el padre que inspira la investigación), Mario Planet, Jorge Vial, Rodrigo Aburto, Augusto Iglesias y Gustavo Labarca.

“Atrapados en Japón” da cuenta de una exhaustiva investigación personal de Vivian, que pretende relatar y rescatar la historia de su padre y la de los reporteros que lo acompañaron en ese épico viaje a Japón, constituyéndose ésta, en una revisión de todos los efectos personales de Carlos Barry y antecedentes de todo tipo existentes en Chile, como asimismo, la ida a Japón donde trató por todos los medios de encontrar algunas personas que pudieran haber conocido a su padre, con el fin de recabar información de la mejor fuente.

La emoción y la calidad del relato hacen que quien vea este documental se sienta subyugado y entretenido de principio a fin, sin que haya lugar para el aburrimiento, donde siempre está presente la conexión con hechos de memoria que se encuentran presentes en objetos, en escritos, en lugares y en comentarios de personas.

Vivian Barry nos toma y nos introduce hábilmente en este viaje, haciéndonos sentir, como si fuéramos uno más de los reporteros participantes en esta extraña misión, condición que nos deja en capacidad de entender el sentido de su búsqueda, que es razón suficiente para empatizar con ésta.

“Atrapados en Japón” es un documental mediante el cual se invita al espectador a ser parte de una búsqueda, que en sus inicios no toca nuestros sentimientos, pero que, en el transcurso de la obra, poco a poco, producto de la impronta emocional que se percibe en esta, nos involucra definitivamente, provocando nuestro interés en el curso de los hechos relatados.

Esta película nos relata el cómo se generó este viaje en el que participaron los profesionales ya mencionados, los que pertenecían a los principales diarios de la época en Chile. Carlos Barry junto al resto del grupo, con gran sorpresa se encontraron con este ofrecimiento de viaje a la Isla de Japón, sin saber el motivo que llevó a la elección de cada uno de los integrantes de este grupo. Esta pregunta no tuvo respuesta, y lo único cierto era que había que cumplir con la invitación oficial hecha por el gobierno de Japón.

La visita de estos reporteros chilenos a Japón y algunos otros dominios bajo el control del entonces Imperio comenzó como una agradable experiencia de intercambio cultural, acompañada por un permanente agasajo, en el marco de las tradiciones y cultura del Japón, donde destacan las hermosas y delicadas geishas, que son formadas y educadas para atender y agradar a los poderosos del sistema social japonés. Este es un aspecto de la cultura de esta nación (1941), el que, visto a la luz de los movimientos feministas occidentales actuales, resulta chocante, rayando en lo increíble. Poco a poco comenzó a cambiar el tono de las atenciones recibidas, las que pasaron a ser definitivamente hostiles, todo ello debido al conflicto internacional previo a lo que será la Segunda Guerra Mundial, del cual es parte Japón.

La gira por diferentes puntos del Imperio fue suspendida, quedando desde ese momento sin posibilidad alguna de que estos profesionales pudieran seguir realizando su trabajo, debiendo permanecer retenidos/prisioneros por cerca de un año en la Isla, sin posibilidad alguna de retornar a Chile.

Después de fatigosos y extensos esfuerzos diplomáticos para lograr el anhelado regreso a la patria, logran por fin abordar un barco en el que se posibilitó el intercambio de personas o autoridades que se encontraban en países de occidente, de regreso a Japón, por otras que deseaban salir de este país, entre los cuales estaba este grupo de chilenos que muchas veces fueron mal mirados, como si fueran espías. En el curso del viaje de regreso a Chile, Japón dio la orden de que el barco regresara a Tokyo, con lo cual todos sus intentos y deseos de volver a Chile retrocedieron a fojas cero.

Finalmente, “Atrapados en Japón” se puede resumir en el desarrollo de un documental en que se aprecia la maestría de su directora, que es capaz de manejar a la vez una gran variedad de elementos, como pueden ser la auto referencia emocional, una búsqueda que es la base de la producción, reconstrucción de un enigma, encuentros y desencuentros culturales entre oriente y occidente, experiencias personales de la autora en busca de su pasado familiar (considerando que el padre de Barry murió siendo ella muy niña). En síntesis, estamos frente a una obra de arte, que como género documental es de lo mejor que se creado en Chile y lo único que resta para los espectadores que han tenido el privilegio de verla y saborearla, es dar las gracias a su directora Vivian Barry.

Silvio Becerra Fuica
Formado en la Escuela de Crítica de Valparaíso

 

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