[OPINION] ¿Festival en junio? (por Aland Tapia)

Extraño puede resultar hablar del Festival entrando al invierno, pero consulté con expertos en eventos de alta convocatoria y, leídas las bases por las cuales se adjudicó el Festival, aparecen varios elementos que nos afectan como ciudad con esa licitación. Por ejemplo, parece ser mucho dinero cuando vemos que las arcas municipales reciben más de 4 mil 600 millones de pesos por cuatro años. Eso es a cambio de varias concesiones.

De partida, hay que entregar a los adjudicatarios la Quinta Vergara durante 30 días en pleno verano. Esto impide realizar cualquier otro evento a contar del 15 de enero de cada año y hasta el 15 de marzo, dependiendo de cuándo se programe el Festival. Un evento de 6 días tarda 30 en armarse y desarmarse. Eso no resiste análisis por ningún lado. El show de Paul McCartney en el Estadio Nacional, me explicaron, se armó en una semana y desarmó en 48 horas, con mucha más infraestructura y tecnología que el que levantan los canales de TV en Viña. A eso debemos agregar que los canales son dueños del show y ahora traen artistas que llegan sin músicos (Backstreet Boys, Bad Bunny), los que cantan como los que suben ahora al Metro o a los buses, con un parlante y la base musical. Tampoco tiene mucho de festival, porque es un evento para la televisión, donde la calificación de los participantes es al nivel de los concursos de reality musicales o los de cocina.

Como si fuese poco, ese evento musical no genera nada nuevo en imagen para la comuna, que este verano vio cómo caía con fuerza la ocupación hotelera en pleno Festival, descontando enero que también bajó por la crisis de Argentina. Y eso pese a una campaña de promoción avaluada en la licitación en más de 33 mil millones de pesos por año, cifra difícil de controlar.

galeraPara colmo, este año la gente en la galería fue segregada y se armó una barrera para poner todavía más lejos del escenario a los que menos tienen. Así, este evento no ayuda al turismo en la zona, por lo que -en suma-, Viña del Mar está haciendo una mala apuesta en el actual estado de las cosas, porque se ha arrimado en imagen a un evento que poco le aporta. Ya no es un festival de la canción, sino un show mediocre de televisión, donde lo que más destaca es la parrilla de los canales que llevan de jurado a personas que nada saben de música ni de arte. Esto tiene que cambiar.

En Viña del Mar debemos recuperar el Festival de la Canción, en sus géneros folclórico e internacional, que hoy son tratados como verdaderos estorbos en la programación. Debe haber artistas invitados a un show, artistas que tengan trayectoria y otros que sean revelaciones del año. El Festival debe comenzar más temprano y extenderse hasta pasada la medianoche, especialmente por motivos de transporte y seguridad. Esta debe volver a ser una fiesta de la ciudad, compartida con todo el país y el extranjero, alejada del falso glamour, de pasarelas, piscinazos y otros mezclados con la organización. Esas expresiones está bien que existan, pero al margen del municipio y del Festival mismo.

Para que haya un buen festival debe haber un proceso donde converjan las escuelas de canto y de música con sus mejores exponentes, que éstos encuentren en Viña el espacio para proyectarse internacionalmente. Si los talentos chilenos deben aprender a mover la colita para ser reconocidos, entonces Viña del Mar no es el lugar. El Festival debe dejar de ser la cultura de la basura, lo desechable, destino al que se encamina a pasos agigantados. Ese espacio debe destinarse a los mejores, a los que tienen mérito, y allá la TV si le interesa la gente seria y talentosa.

¿Alguno de ustedes se ha preguntado por qué no se transmiten por TV las semanas musicales de Frutillar y, sin embargo, ese evento goza de prestigio y alto nivel internacional con rédito turístico? Sí, es por la calidad y seriedad del espectáculo y la organización, dos factores que Viña del Mar entregó en concesión a terceros.

La actual licitación acaba el 2022, luego de lo cual debemos juntar las fuerzas para rescatar nuestra comuna y nuestro Festival, rescatarlo de esta suerte de abandono, más todavía cuando los grandes artistas que llegan cada año a Chile no vienen a Viña del Mar.

Aparte del Festival, consignemos que la Quinta Vergara cuenta con una capacidad mayor al Movistar Arena (20 mil contra 12 mil sentados), pero está abandonada el resto del año a espectáculos de menor renombre. Esto es gestión y, en nuestro caso, mala gestión o falta de visión. Esta condición obliga a repensar cómo sacar partido a la infraestructura actual, pero ello sólo será posible techándola y cerrándola en su perímetro.

La Quinta Vergara puede ser el gran centro de eventos de Chile, durante todo el año, hay que imaginárselo.

Opinion_AlandTapia

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