Opinión

[OPINION] El Desalojo 2.0 (por Aland Tapia)

Fracasó la estrategia del miedo que levantó la derecha para suspender por segunda vez el plebiscito, un deseo del propio Gobierno que a regañadientes observa cómo se les va la Constitución de Guzmán y Pinochet, que los hizo súper ricos, a unos cuantos, y sátrapas a otros tantos.
El entonces senador Allamand, hoy canciller, decía en junio último que no hacer el plebiscito «sólo se justificaría por razones sanitarias y frente al recargado calendario electoral de 2021 con ocho elecciones, me parece atendible la idea de elegir un Congreso con especiales facultades constituyentes, evitando así que dos organismos funcionen en paralelo”.
Y su amigo Longueira clamaba por ir derechamente a la elección de convencionales, saltándose la votación del próximo domingo.
En la UDI, un diputado reflexionaba que «el plebiscito más seguro es el que no se hace».
Y estamos a unos días de iniciar el desalojo de una Constitución que enriqueció a unos pocos y empobreció a millones, que vivió tutelada y mantenida por mocitos de la política que le dieron la espalda a la gente honesta que, cada 6 o 4 años, iba a depositar no sólo su voto, sino su confianza.
Han pasado 200 años y ningún chileno ni chilena de a pie ha podido poner una coma en la Constitución, ni en 1833, ni en 1925 y menos bajo una dictadura, en 1980.
Ahora se abre la puerta para el desalojo de la forma en que Chile ha sufrido el desprecio de los poderosos. No es el desalojo de un gobierno, sino de una estructura que quiere poner impuesto a los delivery en bicicleta y esconde la cabeza con el 2.5 % a las fortunas de los súper ricos. Es el desalojo de la riqueza mal habida, de los negocios con multas con clases de ética, de jueces que devuelven favores con fallos irrisorios para las estafas de cuello y corbata.
Se abre la puerta de la participación que la gente forjó, y que se manifestó en 2019.
No basta con votar, es un deber asumir las tareas que los tiempos demandan. Ese proceso requiere unidad. Apruebo y Convención Constitucional serán el primer paso. Luego, sólo la unidad nos permitirá dar el segundo, eligiendo mitad mujeres y mitad hombres el 11 de abril, los que redactarán y propondrán una nueva Constitución. Ahí estaremos vigilantes, porque si Chile despertó deberá tener los ojos bien abiertos durante todo el proceso. A los poderosos les va a costar renunciar a una cuota de esclavos modernos y a una dosis de azotes, que hoy se expresan en la colusión, la corrupción y en la depredación de las riquezas de nuestro territorio.

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