[OPINION] Famosos aforismos filosóficos de Sócrates: una realidad del pasado aplicable en los tiempos actuales (Silvio Becerra Fuica)

La tradición filosófica, desde Sócrates hasta nuestros días, ha mantenido una ligazón con una interpretación metafísica -del griego, metá-physicá– de la realidad, de la vida, del deber ser del hombre, en su contexto personal y social -sentido ético-, entendiéndola como una preocupación fundamental de la Filosofía, la que estaría más allá de las cosas materiales o de la naturaleza. Esta preocupación por la metafísica es la que ha llevado a que por siglos se haya criticado a la Filosofía por su falta de acercamiento a la realidad concreta del hombre común. Un ejemplo de esto lo podemos apreciar en la sátira hecha por el comediante Aristófanes en su obra “Las Nubes”, en la que representa a Sócrates y por su medio a todos los que le siguen, como personas que andan por las nubes, el que, con sus enseñanzas, habría llevado a la corrupción de la juventud ateniense.

Es por esto que hablar de Filosofía es para el hombre común, algo tan poco tangible y tan poco práctico, que la hace ser una especie de saber extraño y a veces incomprensible para este; no obstante, que los orígenes de esta se pierden en el tiempo; lo que sabemos, es que se considera a Sócrates como el padre de la Filosofía, que tuvo como discípulo a Platón, otro pilar fundamental de la filosofía occidental, al que se debe todo lo que conocemos de su maestro Sócrates, mediante sus famosos Diálogos. Han tenido que transcurrir muchos siglos para recién entender meridianamente la importancia que pudiera tener la filosofía en relación con los intereses de las personas y del entorno social del cual forman parte.

Son bastante recurrentes en el conversar cotidiano de las personas del mundo actual algunos de los aforismos atribuidos a Sócrates, de los cuales es una buena muestra mencionar sólo dos de estos: Conócete a ti mismo y Sólo sé que nada sé, de los cuales existen a nivel cotidiano una gran cantidad de interpretaciones, sin que estas representen su verdadero sentido.

Son muchos los filósofos a lo largo de la historia de la Filosofía que, por ser esta disciplina, el principal interés de sus vidas, se han preocupado, algunos más, otros menos, por tratar de lograr un acercamiento de este especial conocimiento a la gran mayoría de las personas con el fin de que estas puedan lograr, sino, un cabal conocimiento respecto de la realidad natural y social que les rodea, al menos la capacidad de comprender y discernir sobre el lugar que ocupan en la sociedad de que son parte, en términos de aportes personales hechos  y beneficios recibidos en el contexto de lo social.

Al respecto, es meritorio nombrar a Ortega y Gasset, importante filósofo español, que tuvo entre sus principales preocupaciones, el dar a entender en un lenguaje lo más accesible, dentro de lo posible, todo lo relacionado con esta especial disciplina; es así, que una de sus innumerables obras lleva por título ¿Qué es Filosofía?, la que, para el disfrute de los hablantes del idioma español, fue escrita precisamente en dicho idioma, lo que resulta un verdadero regalo para los inquietos espíritus que se interesan por adentrarse en dar respuesta a esta trascendental pregunta. Por lo consiguiente, recomiendo a los que deseen incursionar en forma primigenia en este tipo de conocimiento, tomar la mano amable que nos tiende Ortega en su libro para adentrarnos en el entendimiento de los argumentos y enseñanzas que concibe, para dar a entender qué es lo que entiende por Filosofía como, asimismo, desde su punto de vista, destacar los beneficios que se desprenden de esta, ya sea a nivel individual como social.

Los dos aforismos de Sócrates, mencionados anteriormente, están íntimamente unidos, pues son parte de un mismo argumentar y de la ilación de un mismo pensar que tienen igual finalidad; se podría decir que son el uno y el todo, pues cada uno de estos, en el desarrollo de su particular entendimiento, se muestran en un determinado momento como la misma cosa en el desarrollo de su general argumentar.

Sólo sé que nada sé es un aforismo que esconde tras de sí toda una metodología de sencillez y rigurosidad que permite, cuando se trata de argumentar y contraargumentar, avanzar paso a paso y con seguridad, sin dejar espacio para que el oponente -en este caso los sofistas- puedan contrarrestar, derribar o debilitar lo argumentado por Sócrates, que según la palabra de Platón, es la práctica de una metodología dialéctica que toma como punto de partida el argumento inicial de la contraparte; el que se convertirá en la primera piedra, que permitirá a partir de ese momento el desarrollo de su pensar, en un ir y venir de preguntas y respuestas, las que en todo momento son escuchadas con la máxima atención por este, pues son la más real posibilidad de alcanzar el siguiente escalón en el objetivo que se pretende. Cada respuesta de Sócrates es una obra de arte de su pensar, tras de las cuales siempre existe un elemento incentivador que tiene por objeto que el oponente de alguna manera se relaje y siga entregando elementos o juicios cada vez más livianos, los que al fin y al cabo se convierten en su propia trampa, pues en el desarrollo del dialogar, se llegará a un punto en que tendrá que reconocer que de lo que afirmaba saber con certeza en un comienzo, al final termina por reconocer que sabe poco o nada.

Conócete a ti mismo es la siguiente alegoría de nuestro interés mediante la cual Sócrates da muestra de lo contundente de su reflexionar, pues esta frase, que pareciera ser de la máxima simplicidad, la que fue su permanente práctica durante toda su vida, es en realidad la puerta de entrada a la Filosofía, pues pensaba que sólo quien se conoce a sí mismo es capaz de gobernarse a sí mismo, poniendo este pensamiento como el timón fundamental de su existencia. Este importante principio Socrático señala que debemos conocer nuestra alma y comprenderla para así poder distinguir el bien y el mal, facilitándonos elegir siempre el bien, pues nadie desea el mal, el que no es más que el resultado de la ignorancia. Por lo tanto, si el bien siempre va de la mano del conocimiento, el mal irá del lado de la ignorancia; dos elementos que se deben el uno al otro, pues para que exista el bien es necesaria la existencia del mal y viceversa.

En este entendimiento, nos percatamos que el fin último de nuestras vidas está relacionado con la búsqueda de la felicidad, la que sólo puede existir en la virtud o conocimiento del bien, pues si bien la ignorancia es causa del mal, el conocer el bien y su práctica nos hace felices.

Y, ¿cuál es el objeto y el fin perseguido por Sócrates y su Filosofía? Pues nada más ni menos que la búsqueda de la verdad y la justicia en el contexto del bien común, que es la gran fortaleza de su pensar; la que le permite enfrentar a los sofistas, quienes responden y se enfrentan a Sócrates con el arte de la retórica, -arte, que también es manejado por Sócrates, pero con fines diferentes a los de los sofistas- término que viene del griego rethor, que significa orador, que consiste en el manejo de la palabra y respectiva argumentación que, en el caso de los sofistas, era usado con otros fines que discrepan con los de la Filosofía; que es lo mismo que decir, con fines que no buscan la verdad ni la justicia, sino que más bien, que su fin se queda en el excelso manejo de la palabra para,  simplemente, persuadir, la que, para la gente de la polis que no fuera Sócrates, eran palabras sabias dichas por gente sabia, aunque en el fondo, como se muestra en los diálogos de Platón, las enseñanzas entregadas por los sofistas no eran más que un argumentar falso, vacío y sin contenido que no tenía mayor fin que urdir una trama lógica para ir a la defensa de  mezquinos intereses de sus propias personas, o de algunos poderosos del momento.

Este permanente actuar de Sócrates, que ponía en descubierto las verdaderas intenciones de los sofistas, le acarreó muchas dificultades y acusaciones hechas por éstos, mediante las cuáles se le hizo responsable de actuar en contra de los dioses y de pervertir a la juventud con sus enseñanzas, lo que finalmente terminó con su condena a muerte, lo que se concretó dándole a beber cicuta. La muerte de Sócrates es una muestra de consecuencia, honestidad y de gran actitud ética, la que se mantuvo hasta su último aliento, sin variación alguna; no obstante, que se le ofreciera por parte de sus acusadores salvar su vida a cambio de renegar de sus ideas y enseñanzas, lo que, como sabemos, no aceptó, quedándose con la dignidad de la muerte y con la satisfacción de haber cumplido con los fines de la Filosofía, lo que permitió que pensadores cómo Platón y Aristóteles recibieran ese legado, el que, como muestra la Historia de la Filosofía, se mantuvo en alto y bastante acrecentado; tanto así, que incluso, en pleno Siglo XXI, se reconoce a estos tres sabios pensadores como los impulsores del pensar de occidente.

La evolución y avance vertiginoso de las ciencias y la tecnología durante el S. XX y parte del S. XXI ha instalado a la humanidad en una nueva revolución, similar o mayor que la revolución industrial en sus efectos, que algunos estudiosos han denominado revolución cibernética, en la que el patrón de medida de las cosas está alejándose cada vez más de los intereses metafísicos de la Filosofía, encontrándonos en una situación en que la gran masa de personas que forman parte de una sociedad cualquiera, producto de la globalización y de la celeridad del diario vivir, interiorizan nuevos valores que no contemplan las instancias de reflexión necesarias que puedan servir de puente para el entendimiento de la Filosofía y de sus temas.

Finalmente, considerando que el mundo actual está inmerso en esta compleja y cambiante realidad, pienso que cabe cumplir a la Filosofía un rol fundamental, con el fin de mantener y salvaguardar la esencia de lo humano, la que corre el riesgo de desperfilarse si no se pone atención en esto, frente a lo cual adquiere la mayor relevancia en el tiempo actual entender y reflexionar, por ejemplo, acerca del profundo significado y sabiduría, contenidos en los dos aforismos filosóficos de Sócrates, ya comentados, solo sé que nada sé y conócete a ti mismo.

Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía
Villa Alemana

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